viernes, 30 de mayo de 2008

La ausente realidad del signo

Sugestiva obra la del pasado jueves noche en el Alkázar de Plasencia, en donde se representó el drama El guía del hermitage, libreto de Herbert Morote, a cargo de Pentacion espectáculos, dirigida por Jorge Eines y protagonizada por Federico Luppi, Ana Labordeta y Manuel Callau.

Evacuada la ciudad de Leningrado (hoy San Petesburgo) ante la amenaza nazi, resisten como fantasmas en el museo de bellas artes Hermitage el conserje y el guía, quien parece haber perdido la razón prolongando su rutina de visitas guiadas ante un público y unas obras inexistentes, y así el conserje se lo comunica a su mujer para que lo translade a un hospital. Sin embargo, progresivamente, el conserje y la mujer del guía van a asumir la visión de este personaje (cuyo grado de locura es relativo ya que es consciente de la situación), hasta el punto de que, a su muerte, el conserje (testigo silencioso de las charlas turísticas durante quince años) recoge su herencia y prosigue con su labor, el sueño y la utopía continúan vivos así, aunque la dureza de la realidad lo niegue.

Pese a su planteamiento estático: su desarrollo en un no-lugar (el palacio deshabitado e inhóspito), la acción es vibrante y tensa gracias al pálpito del texto, al cromatismo de la palabra, que cobra protagonismo en sí misma ante la desnudez escénica creando vívidas y plásticas imágenes. El acento argentino de los actores (Lupi y Callau) infunde colorido a la declamación de una obra de sentido existencial, con ecos del teatro del absurdo en donde gravita por igual el problema de la referencialidad o la representación artística (muy en boga últimamente con refundiciones del arte conceptual), la percepción del signo y su referente, que provoca aquí sutiles paradojas sobre el significado del arte y de la historia.
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