sábado, 18 de julio de 2009

Traicionarse para mantenerse fiel. La paradoja irresuelta de Cristina Lavransdatter

Traicionarse uno mismo sus propios principios de vida es algo que ocasiona un grave daño para sí. Este parece ser el lema de Cristina Lavransdatter (1920), inolvidable obra de la novelista noruega Sigrid Unset (premio nobel literatura 1928), regalo de Natalia.

La acción se desarrolla a lo largo del siglo XIV en el norte de Noruega y da cuenta de la vida de Cristina Lavransdatter y su marido Erlend Nikkulassoen, ambos transgredirán el orden social impuesto que los separa inicialmente hasta conseguir su matrimonio y crear su propia y nutrida descendencia.

Cristina doblega tenazmente todo a los sentimientos hacia Erlend quebrantando su propia educación hondamente cristiana y sintiendo haber engañado así a su padre Lavrans, al que adora (de alto y rico linaje rural) para conseguir un amor que (siente ella) tal vez no le corresponda a Erlend, dado que no se siente correspondida. Ha arriesgado todo (su status social, su reputación y sus propios lazos de familia y de amistad) mientras que su marido Erlend no parece (según ella) valorar en toda la extensión el valor de su gesto. Aún más a su pesar, Erlend, educado en el código cortesano del honor y de la guerra (todo lo contrario que Cristina), intenta transmitir sus valores heroicos a su prole en contradicción flagrante con la actitud proteccionista que Cristina tiene hacia sus hijos, volcada en transmitirles valores cristianos, que, a la sazón se habían introducido recientemente en aquel país.

El tormento de Cristina durante toda su vida será el convivir diariamente con el sentimiento de pecado que ha sentido cometer, convencida de que ha hecho su propio bien a través del mal, hiriendo así incluso a personas muy íntimas que no lo merecían.

La complejidad del personaje de Cristina está registrado a la perfección por Unset, su zozobra existencial provocada por el remordimiento y el sentido de traición contrasta con la actitud de Erlend, un personaje más coherente en sus sentimientos dados sus planteamientos de vida más sencillos.

La novela retrata la época con gran viveza. Organización económica, política y social, legislación y diversos usos (alimentos, vestidos, etc) se dejan translucir en la acción para hacernos ver que la sociedad normanda estaba ya desarrollada en sus aspectos básicos. El fervor religioso de los personajes se entiende en una época de transición hacia la imposición del cristianismo y de hecho, convive en la novela con el paganismo de parte de la población (que tiñe también los sentimientos de Cristina mediante sus propias supersticiones), este proceso de cambio influye sutilmente sobre la actitud que van tomando los personajes y por eso tanto como hablar de una novela histórica (que lo es) deberíamos también hablar de novela psicológica ya que asistimos a las relaciones y al desarrollo interior de unos personajes siempre acomplejados.

La autora Sigrid Unset sin duda desata en esta novela sus obsesiones feministas (ella misma fue una activista por la liberación de la mujer en su época), lo que en ocasiones parece resentir la verosimilitud de los personajes haciéndolos actuar con una condescendencia muy discutible para la época. Sin embargo, parece retratar a través de Cristina los demonios interiores de cualquier persona derivados de su educación sentimental (en sintonía con las teorías freudianas incluso), y a veces nos parece estar en una novela de tesis cuyos modelos decimonónicos tendría cercanos la autora cuando escribió esta su novela. Incluso tiene ecos deterministas su conclusión, tal vez para reaccionar ante ese final. O tal vez sea el reflejo de una contradicción que la propia autora, Sigrid Unset, contagiada por la bipolar Cristina, se hace a sí misma.
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