martes, 11 de agosto de 2009

Las ermitas del vino

Cual recoletas ermitas del vino, severas en su sobriedad se muestran risueños como gorriones de barrio los chigres de Asturias, modestos enclaves tabernarios que ponen su contrapunto al aire mondaine y sofisticado de las ciudades asturianas. Pasado su período de esplendor, los chigres representan secuelas de una estética deslucida que sobrevive tenaz a la huella de diseñadores. Ajados y oscuros, cubiertos del aire de conversaciones desvaídas como el orbayo que dulcemente les asedia, se ofrecen humildes al encuentro del paisano que con el fervor de un extraño culto pagano siempre las visita.
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