sábado, 27 de febrero de 2010

La claridad humanista de José Luis García Martín

Recuerdo su animada y cálida conversación siempre en aquel café al que suele acudir, y algún que otro paseo junto a él por la barriada del Milán en Oviedo, ciudad entrañable, nebulosa y bruñida por el orballo. Ahora José Luis García Martín me honra con su amistad esta vez regalándome  La mañana (Próxima RP, Sofía, 2009) antología de poesía que la filóloga Rada Panchovska ha seleccionado y traducido al búlgaro en edición bilingüe enfrentada al español.




García Martín le debo (es justo reconocerlo y recordarlo) el primer sentimiento cívico que experimenté como lector al acercarme a su Tinta y papel (1985) en la biblioteca del instituto, cuando estudiaba el COU aquel. Fascinado por el libro (de relativa novedad en aquel ambiente escolar de aquellos años en aquella Extremadura risueña), quise sustraerlo a todas las miradas, a todas las manos, fue haciéndose una obsesión en mí ese libro y sólo para mis ojos había de quedar, pero comprendí que si lo hacía, les negaría a todos los demás la oportunidad de abrirse a la nueva dimensión que en aquel breve poemario se revelaba. También podrían enriquecerse del libro en el mismo grado otras personas, era justo entonces que aquella riqueza se compartiera, se propagase, de otra manera, no tendría sentido el deslumbramiento si sólo hubiese sido mío. No debía ser egoísta, no tenía sentido serlo. Debía devolver el libro cuanto antes para que la cadena se perpetuara y ayudara a crecer también a mis compañeros.


Desde la época de esta anécdota García Martín ha virado su ruta poética hacia una expresión más clara, erigiendo una poesía desde la memoria atravesada de diversas luces, siempre desde el intimismo sirviéndose de sus versos blancos que dan sonido a la sensación vagarosa de su sentimiento nebuloso y nostálgico, donde

dicha y dolor son sílabas de humo

(La casa Grande, p. 94)

La poesía de José Luis García Martín es sobre todo poesía de la memoria, de aquello que podría haber sido, poblada de vagas ausencias y sensaciones de nostalgia amortiguada en tardes brumosas, la del cansancio de los hombres cansados de llevarse siempre puestos de la que, sin embargo, a la vez,  se desprende el gesto humano y vital al moldear García Martín un horizonte nuevo donde el hombre pueda descansar contemplándose, orgulloso y digno, en la mañana que su poesía anuncia.
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