sábado, 2 de octubre de 2010

29-S. El desvaído otoño español

El otoño siempre se ha considerado el arranque del curso político, coincidiendo en nuestras tierras meridionales con la época de la vendimia, que señala, al igual que aquella política, tiempo de esperanza en una próspera cosecha. Asoma el otoño siempre caldeado debido a previas declaraciones y medidas de gobierno, duras negociaciones y un clima impetuoso de quien quiere llevarse la mejor parte del pastel a menor precio. O gratis. Es lo normal.

Sin embargo este año en España el otoño viene desinflado y sin ganas de tenerse en pie, disipadas las ilusiones que el mismo gobierno un día se atrevió a dar. Novedades políticas las hay pero están desangeladas. En realidad son actualizaciones de una crónica usada y pusilánime. No hay una conciencia de avance y la realidad parece estar detenida en la crisis de la que el país no acaba de salir, cuando parece que algo se va arreglando, al rato aparecen goteras en otro sitio. Y así siempre. Los medios recogen sin tenacidad excesiva las declaraciones del presidente Zapatero con un cierto cansancio y el propio gobierno defiende sus medidas sin demasiada fe, a la defensiva frente al PP, que no ceja de lanzar críticas a cada uno de sus movimientos e intentando mantener medianamente contentos a sus socios en el poder. Su portavoz, Rajoy, ha llegado a decir que esta huelga crea una mala imagen de España en Europa. Bueno, en la familia todos saben los problemas que tiene cada uno, no hace falta hacerse el figurón.




Un síntoma muy significativo del clima político disuelto nella sfumatura que se respira en España actualmente es la pasada huelga general del 29-S, convocada por los sindicatos mayoritarios CCOO y UGT en favor de los derechos laborales de los trabajadores, que van a ser vulnerados con una próxima reforma laboral propuesta por el gobierno Zapatero, cuyo borrador se ha aprobado ya, que prevé entre otras cosas, medidas para agilizar el despido (si bien la empresa privada jamás ha tenido ningún obstáculo para despedir a sus trabajadores cuando le ha interesado).

La huelga abierta pretende además hacer recapacitar al gobierno sobre los recortes de plantilla en los funcionarios públicos. En este punto la actuación del Ministerio es muy controvertida, porque habiendo declarado en los diarios consigna de austeridad en el gasto público (recortando gastos y presupuesto) por otra parte subvencionan a la banca intentando con ello recuperar la economía nacional (¿y por qué sólo a la banca?).

Los medios de centro-derecha: prensa, radio y televisión se han apresurado a restar importancia a la huelga, diciendo que poco o nada se va a conseguir, y que es innecesaria, en un estilo bastante desapasionado, como cabe esperar que transmitan los adversarios sobre las medidas del partido en el poder (PSOE) o de su entorno: los amigos de mis enemigos son también mis enemigos, un teorema político que ya sabemos. Pero he aquí que el propio PSOE no sale en defensa de sus sindicatos aliados y, cuando no se hablan palabras socorridas sobre la cuestión, políticamente se ha eludido hablar de la huelga y los medios afines más bien tratan de salvar el papel del gobierno haciendo que los sindicatos se vean o entiendan como violentos negociadores que no se avienen a ningún acuerdo posible.

Y los sindicatos ¿qué han hecho?. Se han quedado entre dos aguas y ni siquiera ellos han levantado la espada con el furor de otras ocasiones, aunque claro está, han salido a la calle a decir no a la reforma laboral, y sí al trabajo frente al paro que empantana al país, y dan la batalla para cubrir su coartada y contentar a su electorado, al que parecen no haber oído, ya que parte de sus propios miembros sigue la mentalidad del resto de la población, que prefiere dar poco o ningún ruido sabiendo que ha llegado la hora de callar y trabajar para intentar sacar a flote la economía y llegar a fin de mes sin demasiadas complicaciones. Por lo menos pueden decir que trabajan y tratan de resistir por muy mal que se les trate.


Las cifras de los manifestantes bailan según quién haga la cuenta pero está claro que no ha sido tan masiva como hubieran deseado los organizadores, aunque las concentraciones por todo el país se han adueñado de las principales vías del centro en las principales ciudades de la geografía.

Porque no es este el momento, dicen, de salir a protestar cuando la recesión económica es una cuestión estructural que afecta a toda Europa (dicen para consolarse). Y esto no es tan cierto, porque aunque la recesión es un fenómeno global, no en todos los países padecen el mismo diagnóstico. De este modo, el principal basamento de la economía española durante décadas ha sido y es el sector inmobiliario, el principal sector arruinado que ha hecho caer el resto de las piezas del dominó. Este es el modelo propio español a cambiar y no el de otros países europeos cuya economía está fundamentada en otros elementos y por ello tendrán que buscar otras soluciones.

Podemos ver que las voces disidentes en la refriega política por la huelga general y una larguísima lista de motivos junto a un gran desencanto popular (ningún sector político propone una alternativa firme) son los ingredientes principales de este otoño aciago que se repite en España como una oscura letanía en el horizonte, elementos que la oposición utiliza para vocear en los medios sus crónicas maliciosas y desanimar el ambiente que ya de por sí está desvaído ante los próximos acontecimientos, entre ellos las repercusiones de esta huelga, que ha adquirido aires de quiniela tediosa en la que sin duda estamos destinados todos a perder si más pronto que tarde, de algún modo, no hacemos algo para solucionar los problemas, veremos que alguna cosa ocurrirá ahora y aunque esta huelga quizá no sea la mejor solución, al fin y al cabo, no deja de ser una huelga.

Nota: Las imágenes corresponden a la marcha sobre Sevilla  habiendo sido extraídas del Diario de Sevilla (http://www.diariodesevilla.es/)
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