lunes, 4 de octubre de 2010

Los demonios literarios de José Luis Fortes

La naturaleza humana suele dar una magnitud mucho mayor a los peligros imaginarios de lo que realmente son. Es un mecanismo de defensa. Conferimos a nuestros rivales un poder del que muchas veces carecen. Este es el caso de José Antonio Fortes en su última obra, Intelectuales de consumo. Literatura y cultura de estado en España (1982-2009), Almuzara, 2010, en donde refunde y amplía ideas propias divulgadas en otras de sus obras anteriores, principalmente que la intelectualidad se ha convertido en un funcionariado al servicio del poder estatal (esta aseveración no es original suya, ya la han reivindicado otros colectivos) y de este modo, dedica su ensayo a denunciar cómo hoy la literatura española es un montaje comercial dirigido por un stablishment cuya sede se encuentra en Granada (en donde el propio autor, Fortes, reside, casualmente) y entre otros autores de fuste, atribuye el dirigismo de la poesía a Luis García Montero (como abanderado de la poesía de la experiencia), autor al que, debido a que es raro la página en que no habla de él, parece dedicar todo el libro, escrito con la mordacidad que origina la frustración, responsabilizando a LGM junto a otros autores como Antonio Muñoz Molina y Luis Antonio de Villena entre otros, del montaje político y editorial a escala nacional que tiene secuestrada a la cultura y más concretamente a la poesía española (y ahí es donde le duele más la herida al autor, como poeta que es, metiendo el dedo en su propia llaga).


Fortes tiene razón en muchas de sus premisas (la intelectualidad burocratizada y la cultura subvencionada son observaciones muy atinadas) pero saca a pasear sus fantasmas interiores y ahí ya hace tambalear su discurso. Es muy legítimo criticar diferentes actitudes estéticas con las que no se está de acuerdo, pero está feo desacreditar a los demás, suele suceder cuando uno está celoso del protagonismo ajeno. Qué clase de protagonismo o qué espacio siente necesario habitar en España es una incógnita, cuando para Fortes la postmodernidad es una maquinación del stablishment , realidad para la que no habría alternativas (¿por qué no opone su propia línea, ya que la tiene tan clara?) pero, por otra parte pregunto ¿qué daño nos pueden hacer los montajes culturales y editoriales cuando cada uno se reconoce en su espacio?. Fortes, profesor de literatura en la universidad de Granada, tiene el suyo, ahí tiene su vida, ¿por qué negar a los demás que se la ganen con la cultura?. El problema llega cuando uno es víctima del protagonismo y, por querer figurar en todas partes, no se está en ninguna y en realidad, ya no se sabe dónde está, responsabilizando del  fracaso a Dios o al Diablo, da igual.
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