domingo, 18 de septiembre de 2011

Preludio otoñal

Hay en la atmósfera una premonición dulcemente embriagadora. El mar es una nebulosa de plomo donde se une con el horizonte en el ocaso triste. El anochecer ha traído las primeras lluvias desflecadas del verano, augurando el otoño, noto una incierta amargura al tener que abandonar la isla y la naturaleza sintoniza conmigo en el ulular del viento y en esa llovizna inveterada, sempiterna, de septiembre, barriendo nuestra propia conciencia.

Se acaba la temporada, no queda nadie y el Villasol es hoy un hotel fantasma cuyo único habitante soy yo. Desganado, recorro los pasillos donde resuenan mis pasos como un castigo indefinido. Rumio mi propia soledad, dura y concisa en este hotel sin más rumor que los sonidos de mi vida, un hotel fantasma abierto solo para mí.
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