Pesqueros varados en la ría y vigorosos pinares, la claridad salobre de Huelva se respira paseando en sus recoletas calles, diríanse tibio sfumato de un pintor caprichoso: aires colombinos y celestes se funden al mediodía en la plaza mayor de esta ciudad discernida en lo azul sobre la callada marisma.
miércoles 19 de octubre de 2011
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