domingo, 13 de noviembre de 2011

Mérida otoñal poema

El otoño infunde una sosegada dimensión intemporal en su luz cenicienta y enrarecida. Son los violines del otoño, brotando desde el río circunspecto hacia el puente augústeo, adueñándose de esta ciudad grave en su romanidad.




Caminamos Pilar Fernández y yo por estas calles animadas por una feria medieval que viene a poner una nota festiva de historia evocada en esta ciudad ya milenaria. Calles y plazas concurridas en donde encontramos a Rafael Rufino Félix Morillón, de grato recuerdo siempre y siempre de conversación chispeante y lúcida, que nos invita a un vino mientras hablamos de literatura, de su poesía. Próximamente publicará Mies encendida en donde se condensa esa aprehensión de lo eterno, que suele ser su poesía, entre lo marino y lo rural, dos espacios metafóricos de la existencia humana en Félix Morillón.


Pilar Fernández a su vez recién acaba de publicar su libro de relato Mininos (Cafelonia, Mérida, 2011) en donde traza historias vividas a lo largo de su vida en donde los gatos son protagonistas inesperados que, llenos de humanidad, como trasunto del alma humana, conducen su protagonismo hacia desenlaces sorprendentes.


 
Prueba de ello es (y cualquiera puede acercarse a verlo) la esfinge en forma de gato excelso que con su hiératica presencia digna de un califa, hace de guardián desde hace algunos años en el Templo de Diana, al que se aferra cual feudo propio y que, según las gentes, es signo profético al incumplirse un pacto y de ahí que aquel gato-esfinge se encuentre impávido en su guardia impidiendo la profanación al hacer suyo el lar sagrado de la diosa romana.


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