lunes, 21 de noviembre de 2011

Ferrara, magnánimo señorío


Envuelto en la niebla transcurre la mañana provinciana recorriendo la espesa fortaleza estense cuyo señorío fue plaza de artistas diversos. El poderoso señor del Est no tiene parangón en todo el confín de la Padania. Todas sus obras colosales como el Duomo de la ciudad, tienen el sabor de un risueño renacimiento. Sus salones, iluminados con frescos de aire greco-latino, reúnen los más mesurados caballeros del norte italiano, cantan los trovadores más inspirados y acuden frágiles damas al calor de las fiestas diarias, nunca mayores banquetes se vieron en toda Europa como en su mesa.


Sus casas de recreo esparcidas por los arrabales de Ferrara son reflejo de su exquisita elegancia de la que cuidan pintores y artesanos. Solo un terremoto, castigo divino de su arrogancia, hizo estremecer su semblante renacentista.

Nada escapa a la tutela de este inmenso señor, empadronándose de vidas y almas en su condado, guárdenos los dioses de su descomunal ira y de sus atroces calabozos por siempre.

 

sábado, 19 de noviembre de 2011

La perspectiva renacentista de Padova



Hay un reconfortante augurio como aroma de pan recién horneado en esta ciudad  que avasalla al río encauzando su recorrido por discretos canales  de enmohecidos palacios, esquivos en su pétrea angularidad véneta.   







Va declinando la tarde  Padova en  la advocación de San Antonio con su templo grandilocuente, rotundo de esculturas y capillas que ofrecen una perspectiva equilibrada y solemne en su simetría. San Lucas en su monumental sepulcro legitima la beatitud tranquila de las plazas que lentamente se van inundando de niebla espesa asombrando los altos ventanales. 

jueves, 17 de noviembre de 2011

Piccola serenata veneziana




Se extiende Venezia  ojival y egregia, mármol y oro, carnaval barroco, insinuándose  en la danza de las mareas, inmenso tapiz colorista en el mar abierto de los teatros. Se enroscan los callejones de los distritos como un extraño pescado  deslizándose en esquinazos y oscuras  galerías con embozados embarcaderos  propios a la conspiración.


Las callejas se dilatan en teatrales plazoletas o en abiertos espacios de ágora griega bajo la presencia omnipresente de aquellos pozos poliédricos y esbeltos envueltos en el misterio de su origen, los pozos venecianos testigos mudos de la historia de la ciudad lagunar, Venezia, que se ufana, cual dama esquiva, de saberse arropada en el sueño de todos los emperadores  (y  de todos los hombres) como codiciada joya, apoteosis eterna de poder y lujo.


domingo, 13 de noviembre de 2011

Mérida otoñal poema

El otoño infunde una sosegada dimensión intemporal en su luz cenicienta y enrarecida. Son los violines del otoño, brotando desde el río circunspecto hacia el puente augústeo, adueñándose de esta ciudad grave en su romanidad.




Caminamos Pilar Fernández y yo por estas calles animadas por una feria medieval que viene a poner una nota festiva de historia evocada en esta ciudad ya milenaria. Calles y plazas concurridas en donde encontramos a Rafael Rufino Félix Morillón, de grato recuerdo siempre y siempre de conversación chispeante y lúcida, que nos invita a un vino mientras hablamos de literatura, de su poesía. Próximamente publicará Mies encendida en donde se condensa esa aprehensión de lo eterno, que suele ser su poesía, entre lo marino y lo rural, dos espacios metafóricos de la existencia humana en Félix Morillón.


Pilar Fernández a su vez recién acaba de publicar su libro de relato Mininos (Cafelonia, Mérida, 2011) en donde traza historias vividas a lo largo de su vida en donde los gatos son protagonistas inesperados que, llenos de humanidad, como trasunto del alma humana, conducen su protagonismo hacia desenlaces sorprendentes.


 
Prueba de ello es (y cualquiera puede acercarse a verlo) la esfinge en forma de gato excelso que con su hiératica presencia digna de un califa, hace de guardián desde hace algunos años en el Templo de Diana, al que se aferra cual feudo propio y que, según las gentes, es signo profético al incumplirse un pacto y de ahí que aquel gato-esfinge se encuentre impávido en su guardia impidiendo la profanación al hacer suyo el lar sagrado de la diosa romana.