jueves, 20 de diciembre de 2012

El misterio del Cristo del Rosario




La iglesia del Rosario es una popular parroquia que suelo visitar con frecuencia en mis paseos por Zafra. Queda al otro extremo de la ciudad (aunque no en la periferia),  el Arco o Puerta del Cubo en su tozudez arquitectónica viene a engalanar con su torre la vía a este templo, en un largo trayecto longitudinal cruzando varias calles desde mi barrio siguiendo la misma calzada, como una gruesa alfombra grisácea que nos condujese hasta el mismo atrio de la iglesia.


La casa parroquial adjunta (con la que comparte patio la iglesia) es muy recoleta y siempre se ha hablado con admiración de las extensas huertas adyacentes que la abastecían, aunque es un mito comparable a los jardines de Babilonia porque la verdad es que nadie hoy en vida ha podido dar noticia de esas huertas.

Parece extraño sin embargo que aquí tuviera su sede el Seminario Internacional durante los años 30 y 40 del siglo XX, dirigida por una congregación de claretianos entre los que se encontraba don Juan María Robles Febré,  el editor de la editorial Kylix medio siglo después, a quien llegaría a conocer y a cultivar su amistad en Badajoz, ya anciano él.

Iglesia pulcra en su sencillez rural, alejada de retórica aparatosa en su basílica diáfana de origen renacentista, conserva un aire de ermita mayor y sus retablos nos hablan de cereales liturgias y de íntimos sacramentos en el estatismo y la clarividencia de su estética dieciochesca, luz y música en ofrenda.

He escuchado decir a algunos que este lugar, en algunas áreas de la iglesia, es surtidor de energía cósmica que uno mismo puede sentir si encuentra ese espacio . Es muy posible.




Avanzo en la penumbra pobremente iluminada de la iglesia silenciosa y vacía. Había luz al entrar pero mis ensoñaciones me han distraído y de repente la noche ha caído ya. Implacable. Es un día tan anodino y desamparado, que parece estar huérfano de almanaque. Fuera, en las calles, caen algunas gotas obstinadas y lúgubres mientras que el viento sopla como un castigo divino y mis pasos resuenan cóncavos y rotundos sobre el suelo de tablones, creando una oscura premonición.

¿Qué ecos desvelan la soledad del coro mientras palpita el silencio?. ¿Qué misterio guardarán las entrañas de esta iglesia?








sábado, 15 de diciembre de 2012

27 hombres bravos. José María Lama presenta "Los primeros liberales españoles"




Fuente: José Víctor Pavón


La pasada noche del viernes en Zafra batía el viento y se destrenzaba el agua cansinamente en un cielo negro de tinta. El marco de la capilla del castillo ducal de los señores de Feria (una de las salas del Parador de Turismo) venía a aumentar la atmósfera romántica para presentar el libro coordinado por el humanista José María Lama Los primeros liberales españoles, (editado por la Diputación de Badajoz) en el foro del Seminario Humanístico.

Los elementos encrespados de lluvia, viento y el escenario renacentista y palaciego formaban  una estampa romántica, sintonizando con aquel espíritu decimonónico (lleno de épica entre periodismo, política y nocturnidad) del que la presente obra trata en cuestión.


La obra reune 27 biografías realizadas por otros tantos investigadores sobre personalidades extremeñas vinculadas al liberalismo, muchos de ellos participantes en las cortes de Cádiz de 1812.

Pablo Ortiz, historiador y profesor fue el encargado de presentar el acto, destacando la coherencia en la labor coordinadora de Lama (hombre de un gran don de gentes y sobre todo hombre de consenso debido a su reconocido prestigio), quien señaló durante su intervención que la principal idea que le guiaba en la elaboración de este libro ha sido revitalizar el subgénero de la biografía, intentando aportar un modelo historiográfico más atractivo que la tradicional línea positivista, hoy obsoleta y que por desgracia nos ha hecho aburrir a tantas generaciones de alumnos.




Las 27 personalidades recogidas en este volumen tienen en común haber nacido durante la segunda mitad del siglo XVIII, y por lo tanto, haber recibido una educación basada en principios de la época de la ilustración (una mentalidad reformista y práctica, con tendencia a la universalización del conocimiento), la mayoría  de ellos se habían licenciado en la Universidad de Salamanca o en la de Sevilla, dos focos bastante significados en la época. Estas ideas condicionan la trayectoria de cada uno, hecho que unido a su extracción burguesa y a su esmerada educación, les hacen alcanzar puestos de gran responsabilidad en su tiempo (jueces, militares, abogados, políticos y altos funcionarios de la administración sobre todo).

Son humanistas y hombres de acción en su tiempo respondiendo a los ideales ilustrados, como decimos. Ellos pusieron los cimientos del liberalismo que, tras una larga lucha, hoy podemos disfrutar en nuestra actual sociedad constitucional y democrática.

Es muy necesaria la obra de José María Lama sobre la aportación del liberalismo extremeño al conjunto del país, y es fundamental para entender el fenómeno en su conjunto, que, gracias a esta obra, referente historiográfico desde ahora, se verá aquilatada en su justa dimensión de época convulsa social y política donde se fraguó nuestra actual democracia, gracias entre otros, a estos 27 hombres bravos que se reúnen este libro.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Ahora soy presentador de la tele






La noche de ayer en Zafra, al salir del café en donde estabamos tomando una copa el amigo Paco Granero y yo, nos abordó una familia (que se había acodado junto a nosotros en la barra) preguntándome si era yo presentador de Canal Extremadura, que su niña me había reconocido (en realidad, no había dejado de mirarme en todo el rato).

No sabía de qué estaban hablando. Sentía decepcionarles, pero desmentí absolutamente la noticia, aunque por supuesto, les recomendé que no dejaran de ver Canal Extremadura y ni por supuesto, Canal Extremadura Radio, emisora estupenda con la que me levanto desde que se fundó la emisora.

No logré convencerles y, lo que es peor, entonces no supieron acertar ya si lo que pasaba es que yo trabajaba en la tele o quizás en la radio.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Una visita que no sabe salir





Esta mañana a primera hora ha venido a verme un gato blanquito muy simpático. Ya lo conozco de días atrás estar él zangoloteando por el barrio, se ve que tiene instinto de explorador, por eso me alegré de verle. Estaba en el jardín esperándome, tal vez estuvo toda la noche ahí al raso.

Yo le vi según salí a abrir la puerta. Estuve un buen rato buscando algún comedero para él, y cuando lo tenía le preparé pan migado con leche. Pero no quería comer.

Era un gato regalón y zalamero así que le acaricié y jugue un poco con él, pero después de maullar un buen rato le abrí la puerta y salió corriendo a la calle. Se ve que estaba de visita rutinaria. Creo que no sé ni por dónde había entrado. Pero si llegó al patio con tanto esfuerzo ¿por qué salió tan pronto?


(Foto: Sacramento Guillén)

lunes, 3 de diciembre de 2012

Ser retro deja huella




Las vías de Google, como las de Dios, son infinitas y a veces en un guiño parece que se activa una señal irónica de la providencia tras el menor gesto, asociado al perfil del usuario o quién sabe qué. Es la customización del producto, que se llama ahora.

He tecleado un videoclip de Air Supply (ya sabéis, aquel melifluo dúo americano) y al arrancarse en el YouTube  se ha activado la publicidad de una entidad bancaria ofreciéndome un fondo privado de pensiones. Vale que uno tenga una tendencia retro, si es necesario soy kitsch o llamadme hortera, vale. 

Pero oye macho, solo por un casual y no quiero ser malpensado, ¿es que alguien se está atreviendo a llamarme viejo?






sábado, 1 de diciembre de 2012

Vino y música al compás de Dulce Chacón


El vínculo de las letras con la gastronomía y la música es una alianza natural y ya tradicional. Recuerdo en una fecha ya lejana los tres Encuentros poético-gastronómicos de Cal Jep (2004-2006) en Castellfollit del Boix - sierra de Barcelona - organizados por Agustín Calvo (y a los que fui invitado en su día) como buen ejemplo. Esta forma inteligente de entender estas artes en su fusión y continuidad, sin embargo, no es muy común y por ello son propuestas interesantes, más aún si se ven respaldadas por el potencial natural extremeño, como es el caso de la soirée que tuvo lugar en la noche del pasado viernes 30 en La Marquesa que, en el foro de la Semana dedicada a Dulce Chacón, supo reunir una charla literaria en relación a la novela Cielos de barro en relación con una cata de vino y degustación de tapas, todo ello desde el entorno rural de la novela, que le servía de base conceptual.
La atmósfera del gourmet-mesón La marquesa no podía ser mejor al evento, un ámbito abierto en donde se da la convivencia arquitectónica y ambiental de lo castizo y lo contemporáneo en varios espacios complementarios con un proyecto arquitectónico muy sólido, y así, la charla se desarrolló en el doblao del mesón (el equivalente a la mansarde parisina) habilitado como amplia sala de estética chill-out

La charla centrada sobre Cielos de barro fue moderada por la periodista Carmen Apolo, y tuvo diversas aportaciones, entre otras, las de Carmen Canseco (promotora cultural desde su espacio Catacala) o Juan Carlos Fernández Rodríguez (presidente del Foro Zafrense). Acto seguido se presentó al mercado dos nuevos caldos (tinto y rosado) de las Bodegas Medina que degustamos junto a tapas de la tradicional perdiz en escabeche, apuntillado todo ello con la actuación majestuosa del bailaor flamenco Andrés Malpica, al compás de poemas recitados por Vicky González y de la guitarra de Tino González.

Una noche inolvidable que prolongamos con los amigos, algunos de ellos insignes colegas de profesión, seguramente porque el mundo de la docencia es uno de los más adecuados para recoger el ejemplo de estos vinculos del arte, verdadera “literatura comparada” ofrecida para todos, estudiándola profundamente en su experiencia, es decir, viviéndola y disfrutándola en cálida y esplendorosa amistad.

martes, 30 de octubre de 2012

Spleen de Madrid





Mira cómo pasa la gente solitaria en esta tarde lenta por las calles de Madrid, una tarde que tiene el mismo oro viejo de octubre en un languidecer de azoteas de horizontes detenidos soñando con el mar, en un horizonte cadencioso de cristales sucios y gatos despeluchados bajo este cielo atocinado y somnoliento.

Mira cómo pasa la gente solitaria destrenzando sueños, dejándolos por las aceras porque le pesaban ya demasiado.

Mira a toda esa gente porque entonces comprenderás que tú también estás ya cansado de llevar puestas tanto tiempo las mismas estrellas ajadas sobre la frente.

Comprenderás por qué estás cansado de llevar tanto invierno adelantado, tanta canción manida y descompuesta.

Comprenderás por qué eres un hombre cansado de llevarse puesto.

lunes, 1 de octubre de 2012

Interludio otoñal





Suenan los violines del otoño mecidos al viento en esta isla de higueras milenarias, despertando a los faunos que danzan al son de un latido telúrico, envueltos en la inquietud azul de los olivos.


Llegan los bronces añejos del otoño tiñendo atardeceres, evocando salones abandonados y nostalgia de lo porvenir cuando se destrenza calmoso el tiempo lustrando de amaneceres el horizonte siempre dinámico, abrazando nuevas realidades.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Nit de l'Art 12

La otra noche pudimos disfrutar de una jornada de puertas abiertas en todas las galerías de arte de Palma durante toda la víspera, formando entre todo el público un festivo peregrinaje con paradas a lo largo de la ruta de espacios expositivos, públicos y privados, en toda la ciudad de Palma, y en cada uno de ellos, un pic-nic preparado en cada sala para sobreponerse entre paseo y paseo de uno a otro extremo de la ciudad,  donde proliferan los espacios expositivos si tenemos en cuenta la población (mediana en número) de esta ciudad.




Palma es una ciudad en la que conviven salas de varias estéticas y sesgos, unas más clásicas y afincadas en su trayectoria (suponemos que con una cartera fiel y tradicional de clientes), asociada a los barrios burgueses como la Avinguda Jaume III, junto a otras de nuevo cuño que han surgido como rara avis en los viejos barrios palmenses, con un discurso muy dinámico y contemporáneo, con otro concepto expositivo en donde el espacio y la luz forman parte también de la experiencia estética, un fenómeno muy similar a lo ocurrido hace unos años en el barrio del Raval de Barcelona (cuando una gran multitud de artistas decidieron transladar allí sus talleres y se fundaron diversas galerías alternativas, aprovechando el tirón de algunos museos cercanos).

Estas nuevas galerías palmenses apuestan por un arte de impronta urbana, reflexiva y de discurso meta-artístico y conceptual en muchos casos, hay una gran presencia de obra gráfica debido a nuestra cultura (audio)visual, en donde el sentido de la inmediatez tiene gran presencia, de la misma manera que la obra fotográfica, como huella documental y crítica que se quiere infundir. Junto a ellos, también son destacables los ready made (los objetos encontrados o manipulados) de herencia surrealista, reiterando la reflexión crítica en torno a las fuentes del arte, así como las instalaciones o ambientes, de fuerte carácter conceptual, que facilitan (con la intervención artística de un entorno dado) la experiencia de los sentidos, habitando el espacio artísticamente.

La Nit de l’Art nos ha permitido ratificar todas estas tendencias con una gama suficientemente amplia que avalase nuestro criterio. Un proyecto cultural muy sugestivo que esperamos sensibilice al gran público sobre la necesidad del arte en nuestra vida. Para próximas ediciones sería interesante añadir otros aportes complementarios como conciertos de música en directo o performances diversas. Necesitaríamos una nit de l’art no cada año, sino cada trimestre, y la siguiente noche de happy hour en los cafés para descansar de toda esta intensa y apasionante romería artística.

lunes, 17 de septiembre de 2012

Valldemossa, la sierra con puerto de mar

La isla de Mallorca debe ser entendida como una superposición de diversas realidades concéntricas o secantes que conforman un conjunto orgánico que arborece continuamente vertebrando elementos en torno a diversos ejes, como si fuese un gigantesco e imprevisible caleidoscopio. De esta manera, podemos sentir paisajes familiares o soñar con otros nuevos, o vivirnos a través de ciudades y horizontes diversos sin salir de la isla.




Todo es posible aquí, por lo que hacer congeniar el calmoso mediterráneo con el bravío cantábrico cobra aquí carta de naturaleza propia como si tal cosa. Me refiero al puerto de Valldemosa, donde nos parece estar en las tierras astures de Luarca o de Cudillero, tal aire de familia tienen entre ellos en ambiente y entorno. Sin embargo, el puerto de Valldemossa, tras el descenso por la cinta de carretera que retorciéndose obsesiva bordea los acantilados, casi ni se distingue entre los peñones colosales y los desfiladeros vertiginosos que llevan a él y le dan cobijo, es un portalito diminuto a la orilla del mar, recogido y entrañable, a solo un trecho no largo de la cartuja de Valldemosa, de acuerdo al sorprendido testimonio de George Sand en Un invierno en Mallorca, cuando Perica, la payesita (el único ser amigable y cordial, nos dice, que encontró en toda su estancia en Mallorca, evocación del bon sauvage mire usted por dónde), jugando con los dos niños de la escritora, les enseña un atajo desde la alta sierra (donde estaba la cartuja desamortizada donde vivían) al mar, directamente tras un peñón, de golpe y porrazo. No hemos podido situar concretamente este peñón, tal vez la Sand se refiriera al barranco atroz que precede al puerto (y origina una violenta cascada en temporada de lluvias), no importa, lo que nos interesa es que este dato no hace sino confirmar nuestra hipótesis de los contrastes complementarios de simétrica divergencia, propias de la isla de Mallorca.



Apenas unas casas de pescadores, entre las que hay algún chalet y un café rodean el puerto encastrado entre colosales peñas que oscurecen al sol y desfiladeros de espanto. A pie del mar, el agua bate insidiosa al compás de un viento inquietante y húmedo. Está bravo el mar y las barcas están varadas en seco en la rampa del puerto, durmiendo de su merecido descanso. Aún quedan bañistas en el margen pedregoso de una escueta cala. Es el ocaso y contemplamos los últimos rayos del sol, que agota su función un día más dejando caer lentamente un telón de caramelo licuado, dejándonos un sinsabor de despedidas ante la infinita llanura metálica y obsesiva del mar, un organismo que irradia su misterio en un latido magnético de eternidad.

  (Este apunte ha podido ser ilustrado gracias a las fotografías cedidas cortésmente por Joaquín María González Cabezón)

domingo, 9 de septiembre de 2012

Estética y mística del vino según Joan Benássar. Una mañana en Es Baluard




Hay una zona cosmopolita donde late la inmediatez y la urgencia a lo largo del paseo que flanquea la Riera de Palma: es el Passeig Mallorca, cuyo fin parece un distribuidor que ramifica a varias zonas de la ciudad, en él convergen principalmente el Paseo Marítimo, y la Plaça de la Porta de Santa Catalina, de donde parten un dédalo de callejas hacia la Rambla (que se dirige al centro de la ciudad) con un gran ambiente en donde abundan diversas y sofisticadas galerías de arte.

Esta profusión de energía creativa no nace de la nada, sino que la irradia el museo de arte contemporáneo que se encuentra en la Plaça, aprovechando un trozo de la antigua muralla de Palma, de ahí precisamente su nombre: Es Baluard (el Baluarte), un pequeño fortín (con su aljibe seco como espacio expositivo también) empleado como museo, no está mal la asociación de ideas, aunque no sea la realidad, porque el arte está vivo y forma parte de la vida. No debe ser un mausoleo sino un espacio dialéctico en donde todo mensaje está ungido de actualidad y participa en su formación.








El diálogo constante en el tiempo es el propósito de este museo de Palma. Su vetusta piel, la pesada trabazón arquitectónica de su esqueleto armoniza con las palmeras y con las formas minimalistas que habitan su espacio suavizando la severidad militar de sus bloques de sillares. Artistas clásicos y modernos conversan en sus muros con el espacio permanente para el maestro Miró y otros clásicos.



Es Baluard, en su propósito de trasponer tiempos y estéticas dinamizando la comunicación, recoge en sus muros una exposición monográfica de Joan Benássar : El vi que bec té gust de mar (El vino que bebo tiene sabor a mar), el conocido artista es de Pollença, dato no baladí por cuanto el aire greco-latino de este pueblito a orillas de la península de Formentor condiciona e impulsa de manera muy coherente el entorno clasicista y legendario que transmite en esta exposición, monográfica acerca de las influencias e interacciones del pueblo mediterráneo y el vino, un extenso y complejo panorama visto a través de diversos mitos, motivos y estéticas a lo largo de toda nuestra historia occidental, revisada y actualizada desde la mirada de un artista actual.

Benassar infunde bastante coherencia a esta muestra que, plásticamente, se destaca por el seguimiento compositivo de motivos y composiciones de la antigüedad sobre todo helénica en pinturas y cerámicas (la sanguina o el bermellón propio en la cerámica griega y micénica, por ejemplo) y destacable por ende en su austeridad cromática con que resalta y dramatiza temas y personajes en un trazo expresionista que persigue la esencialidad de la forma, (casi siempre retratos y estampas de frontal), irradiando así el vitalismo pagano y primitivo que persiguiera Picasso o Matisse, dos clásicos que seguramente Benássar tendría en su mente junto a otros al realizar su serie. Hay rasgos de culturalismo, ciertamente, pero esta serie incide sobre la proyección de ese mensaje mítico, sobre el dinamismo y la vida pues así es el vino, elemento sagrado en cuanto dador de vida.






Estas pinturas soportan y conducen el texto del catálogo, escrito por Antoni M. Planas i Sanjosé, una exposición cuyo subtítulo: Breu historia de la vinicultura a la Mediterrània, plantea el hilo conductor de las pinturas, un ensayo sobre el particular donde las islas Baleares tienen mucho que decir dado su particular emplazamiento, antaño emporio comercial de la antigua Roma en la colonia de Pollentia desde donde hoy un artista de aquella misma tierra, Bennásar, brinda en sus pinturas un cálido homenaje a aquella cultura del vino, nuestra cultura, pues herederos somos de Roma, una forma de vida y una mentalidad que nos ha ido moldeando a través del tiempo (sé cuántas fatigas son necesarias/  sobre la colina en llamas/ para darme la vida, cantaba Baudelaire) una dimensión en donde el vino, como río aglutinante y lúcido de todas las culturas de nuestro entorno, vuelca en nuestra conciencia siempre ávida el conocimiento de nuevos horizontes tornasolados en su vivo resplandor bermejo.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Mallorca legendaria (I). Alcudia romana y el colosalismo de Formentor

La sierra de la Tramontana recorre Baleares en su margen norte de costa a costa como el espinazo de un extraño pez que termina en las asperezas del cabo Formentor, recorre toda la sierra la leyenda y el misterio de una tierra que el imaginario de las gentes de la isla han poblado con brujas, aparecidos, espectros y diversos fenómenos extraños. Este lugar es fuente de leyendas desde el primer pálpito de vida humana, cuando el hombre vivía en cuevas y temía el rayo y la tormenta. Sus ecos resuenan desde la noche de los tiempos.


Mis compañeros de ruta son mis tíos Joaquín y Covadonga, siempre gratos y fieles a la aventura. Hemos trazado una primera ruta que nos lleva hacia el noreste de la isla. Nuestra primera etapa es Alcudia, sede de la antigua provincia romana de Pollentia, para adentrarnos a continuación en el brazo de tierra de Formentor.

El viento va a ser nuestro compañero inseparable durante todo el recorrido. Un viento seco, recalcitrante y cuajado que en su silbo nos va desvelando poco a poco la memoria de estas soledades.



Alcudia es hoy un pueblo laborioso, antaño pueblo de pescadores, fundado por los romanos como Pollentia (de donde deriva el nombre de la actual Pollença, el pueblito vecino – es decir, que la antigua colonia no se corresponde con el pueblo), con un estupendo recinto amurallado por cuyas almenas se puede pasear. Se advierte la luminosa y coherente huella de las diversas culturas sobre las que se ha ido formando Alcudia, un mestizaje cultural de provincia costera en la que predomina la presencia de la antigua Roma como designio natural que ha ido modelando su paisaje mental y físico, muestra de lo cual son las ruinas del pequeño teatro erguido en las afueras del pueblo.



Hay que recorrer un largo camino por el yacimiento de Pollentia, más allá del foro y demás ruinas, paseando por un entorno rural y doméstico de alquerías, llanuras con sedientos pastizales flanqueadas de higueras venerables hasta que de pronto, resguardado por la fronda espesa de la vegetación se yergue ante nosotros el teatro romano entre la sorpresa y la conmoción ante la presencia de lo sagrado.




Nos encontramos ante una leve estribación del terreno frente a un breve hemiciclo de unos treinta metros de diámetro cuyo eje es un escenario minúsculo. Apenas unas líneas de graderío y una escalinata desdibujada sobre la piedra nos hace intuir su actividad detenida en el tiempo. Descanso sentado en un banco frente a la construcción, dejando que la energía del entorno fluya, y de repente me encuentro solo, cara a cara con el teatro romano. Siento latir sobre las piedras del teatro en su colina mágica la energía que fluye en torno como un poderoso ensalmo que se mantiene en la historia y es mi propio corazón el que palpita a través de la historia. Escucho el viento que recoge ecos ancestrales revelando ignoradas historias que las higueras centenarias, árboles sagrados, guardan en su memoria.


                                                             *

Una pezuña de cabra amarra Formentor con Mallorca en su zona noroeste. Sin otra salida, es el finis terrae de la isla. Forma una amplia bahía en Pollença, pueblito costero con aire de frontera debido a la convivencia con la colonia inglesa, que le infunde un aire variopinto, una elegante mistura entre palmeras, almendros y salones de té. Pese a su aislamiento geográfico, Pollença es uno de los focos culturales de la isla, acoge diversos actos culturales como las conversaciones en Formentor, (fundadas por Camilo José Cela en 1958 en el hotel del mismo nombre y retomadas desde 2009 por el Consell Balear), algún que otro congreso sobre novela o arte y un festival anual de música que focaliza evidentemente un turismo de élite.




Más allá de la bahía, extendida en el horizonte como una duda palpitante de las mareas se encuentra rodeado de mar y misterio la península de Formentor, en cuyo cabo se encuentra el faro asediado del viento y la lluvia como un guardián de aquellos atroces acantilados. Con una torre de 56 metros, y a 188 metros sobre el nivel del mar y puesto en servicio desde 1863, su construcción fue toda una gesta del hombre salvando toda clase de obstáculos.




No hay otro horizonte en esta tierra que peñones descomunales en donde ralean algunas matas y pedregales estériles disueltos en las nubes, una tierra de titanes donde solo pueden sobrevivir la testarudez de las cabras en su más asilvestrada naturaleza, que triscan y pasean tranquilamente en las faldas casi cortadas a pico de semejantes moles de piedra. Un tótem de esta tierra es efectivamente la presencia helénica de las cabras y, junto a ellas, arrogante, se encuentra centinela siempre el viento pesado y oscuro como una condena, soplando siempre en este ámbito inhóspito en donde cualquier incursión humana como la nuestra supone una osadía contra los dioses tutelares de esta tierra sobrecogedora de altura, soledad y misterio.






 Las fotografías alusivas a Formentor han sido cedidas en exclusiva a Galvanoplastias por cortesía de Joaquín María González Cabezón 


domingo, 26 de agosto de 2012

Los jueves de Inca

Alborozada feria ponen una nota de agitación, jolgorio, nervio y negocio cada jueves en las calles de Inca. No estamos en Sevilla con su tradicional mercado del jueves, sino en el llano de Baleares. Esta feria inquense del jueves (que se remonta al siglo XIII) es el músculo de esta ciudad,precisamente la fiesta grande se denomina es dijous bó (el jueves bueno/grande) e incluso el único periódico local (un semanario) se titula así: Dijous.


La feria discurre a lo largo de los amplios paseos de la ciudad antigua, en la que aparecen cafeterías de gran sabor popular de estética encantadoramente vintage (años 60-70) más bien tabernillas de recios parroquianos, siendo algunas de ellas trasunto de las palmenses, como si estas de Inca fueran una delegación de los bares de la Ciudad.

Mi paseo por estas calles se basa en un auténtica deriva psicogeográfica, al modo de los detournements paisajísticos de aquellos situacionistas parisinos de finales de los 60, una ruta al albur de las emociones, basada en diversos centros energéticos que conforman todos ellos una cartografía emocional y mágica con un sentido intrínseco, debido al cual, seguramente, desemboco en la plaza mayor del pueblo en donde contemplo la iglesia de Inca, Santa María La Mayor, con trazas de fortaleza (una arquitectura muy del uso de la isla tanto en el interior como en la costa), que cuenta con una talla de Santa María, por Joan Daurer, de mediados del siglo XIV, aparte de obras góticas y barrocas.



Inca es ciudad famosa por sus galletas, en realidad, diminutos panecillos tostados o no, del que muy probablemente se aprovisionaran antaño para las travesías marítimas, en el argot marinero, galleta (o bizcocho) no es un dulce sino una especie de pan, y de ahí ha quedado la acepción, por eso no es de sorprenderse si esas galletas son saladas.

También son famosas las sopas de Inca, variante de las sollerenses, sin embargo, como mi estómago no estaba por la labor de tomar galletas, mucho menos lo estaba para sopas de ninguna especie. Me sentía atraído por el barullo del mercado y la feria, sintiéndola tan familiar y cercana en mi vida.



Aparte de la remembranza biográfica, siento además en la animación provinciana esa atmósfera mestiza de los pueblos del Alentejo portugués, acentuada por los amplios vanos de los muros, ese sedimento de gentes que dejan las concurridas calles y el rumor de las gentes en este escenario colorista de culturas diversas.



Así es Inca, mezcla en el casticismo de un pueblo del llano, agitación y dinamismo derivado del mercado de unas gentes siempre activas con la mente encendida, la mentalidad abierta de la industria y el intercambio en una urbe inquieta y a la vez de grato sabor tradicional.

domingo, 19 de agosto de 2012

Los almendros de Alaró



Los campos de Alaró se desparraman en un horizonte de almendros al tresbolillo en los que el sol se cuela entre los flecos de las ramas y restalla en su sarmentosa corteza oscura. Son los mismos campos que en febrero rebosan de flores blancas, los mismos que pintara Santiago Rusiñol creando una serena y apacible sinfonía de colores, solo que nos encontramos en pleno verano, bajo un sol insistente y lacerante que la naturaleza del almendro resiste buenamente,  así como también resiste esta fuerte temperatura sin mayores problemas la naturaleza meridional-extremeña del  propio cronista que esto escribe.


Avanzo por un caminillo en mitad de aseados campos de almendro, del que a ratos me aparto para sentir el placer de caminar quebrando los terrones ensolecidos de los sembrados, hollando la fértil tierra de estas dehesas insulares, descubriendo matorrales y árboles legendarios en cuya sombra resguardarse, al recodo del camino, que se desliza como una culebra adentrándose en el monte inhóspito rematado por el castillo de Alaró, altivo centinela, onírico casi en el azul épico de la cumbre.

Me encuentro a unos 10 kilómetros de aquel monte pelado que apuntala el castillo, en plena llanura. Por mi parte sería una temeridad dirigirme allí y encaramarse a campo traviesa en su cúspide bajo este sol cegador que cuece hasta las ideas. Sencillamente, me deshidrataría en el camino y mi objetivo es disfrutar de este paseo y seguir viviendo para contarlo.



Sale al paso en el camino una casa de labor y puedo oír entre los emparrados a algún que otro labrador canturreando mientras cuida la tierra, acompasados por el ritmo de la xapeta (escardillo) que remueve la tierra seca.

Estos almendros son una clara insignia mallorquina de cierta poesía decimonónica hoy en desuso, rimbombante y algo naïve, producto de los juegos florales ya en desuso, de poetas bucólicos y ruiseñores cansinos que serían parodiados sin piedad por Llorenç Villalonga en alguna de sus novelas (por ejemplo: la remilgada poetisa Ayna Cohen de Mort de dama, trasunto hiperbólico tal vez de ¿María Antonia Salvá?). Me gustaría ver ahora a todos esos poetas de verbena y ateneo paseando entre estos campos de almendros bajo este mismo sol plomizo, inmisericorde a media mañana, acompañado por la pesada, eléctrica letanía de la cigarra como única compañía y respirando el polvo de los caminos y secarrales que conducen hasta aquí.

Aún queda un largo ciclo para recoger el fruto, y esta parte del año, el verano, es la más estática por lo seca. Pero necesaria, al fin y al cabo. Cuánta paciencia hace falta para recoger el dorado y adorado fruto del almendro. Toda una temporada de sol tórrido y las lluvias del otoño harán restallar luego en febrero todas las flores albas de los almendros, para finalmente granar en el fruto de la almendra, y recogida la cosecha, llenar de fiesta y alegría los pueblos mallorquines  como  Alaró en el entrañable y bonancible reposo del trabajo bien hecho.

domingo, 12 de agosto de 2012

La bohemia del barrio de Calatrava




Sólo puede llegarse al barrio de Calatrava en un calmoso paseo sin rumbo porque, como sin quererlo, hemos llegado allí siguiendo la contenida emoción de un nuevo horizonte que se descifrara ante nuestros pasos en una mañana de luz lisonjera.


El barrio de Calatrava forma un dédalo risueño de callejones dentro de una zona intramuros situado en cuña entre la portada trasera de la Catedral y el viejo muelle al que se accede a través de un portillo de la muralla de Palma.

Barrio muy popular y castizo de calles recoletas y pulcras, aunque algo vetustas, las diversas plazuelas al modo de corrales de comedias abren la estrecha perspectiva en un vuelo alucinado que remata una antigua veleta o la espadaña de algún convento.

El barrio de Calatrava está detenido en el tiempo en una espesa laguna de silencio dentro de la ciudad como un anillo concéntrico de la historia que ha naufragado. Nada disloca su serena fluencia en una historia silenciosa llena de tradiciones. ¿Nada? Bueno, sí que hay algo.

El barrio de la Calatrava irradia una prolongada actividad cultural desde siempre. Aquí vivía y tenía su imprenta (y su casa) el editor Luis Ripoll desde los años 40 del siglo XX. En lo que antaño fueran sus talleres se encuentra hoy el Centro Cultural Alcover en honor a la imprenta del mismo nombre, donde, como el humanista, esta institución apuesta sólidamente por el fomento y la acción cultural de la tierra balear. Algo más allá se encontraba, en la Torre del Amor, al pairo de la imprenta, la editorial Moll y frente a esta “torre” (que no es otra cosa que un hacendoso corral de vecinos) se encuentra el empingorotado teatro municipal Xesc Forteza.




El meditabundo silencio ha hecho que allí precisamente por eso se construyera el Seminario de la Sapiença con su palacio arzobispal y solemne biblioteca. Más allá aparece la iglesia de Santa Clara, auténtico mito por cuanto todos han oído hablar de esta iglesia, pero apenas nadie ha llegado nunca (ni siquiera los mallorquines) perdida en un recodo de este laberinto de calles () junto a su discreto convento, donde venden dulces las monjas.




Frente a estas entidades piadosas que marcan el culto religioso, han brotado también en estas calles, propiamente goliardescos y rebeldes, como flores silvestres de un vitalismo pertinaz y pagano, diversos talleres de artistas plásticos que ponen una nota desenfadada y libertaria al barrio. Esta es la zona de los artistas, poetas y otras hierbas cuya actividad es el vibrante bracear en las fuentes de la vida desde diversas disciplinas. Pintores y escultores los más, pero también tiene allí su sede un conocido grupo británico de rockandroll y se puede ver incluso el estudio de un mago o la barraca de un titiritero que allí ha echado raíces.



El barrio de Calatrava supone un territorio disyuntivo (como una isleta dentro de la ciudad) en donde conviven armónicamente lo folklórico en su inmovilismo de parroquia y la nota festiva y progresista de una bohemia artística silenciosa como el mismo barrio, casi gremial, porque apenas hay cafés donde divagar y mezclarse, un barrio cuyas calles con pequeñas tiendas, despuntan gozosas las flores y la gente se pasea sin prisa, un espacio detenido en el tiempo, donde cada día es una fiesta del sol y un canto a la libertad.

domingo, 5 de agosto de 2012

Los palacios de Binissalem: el señorío de las bodegas




Despuntan los egregios palacios de Binissalem como altivas fortalezas entre la rusticidad de sus sencillos alrededores, pueblo de recia piedra impasible a la lluvia, sus ocres muros se vuelven escritura que el tiempo ha trazado caprichoso. Pueblo gallardo y señorial , la copla popular que recoge el polifacético humanista Luis Ripoll muestra el tronío con que sus habitantes son considerados dentro de la isla, reservándoles un trato deferencial desde cierta admiración payesa donde se rastrea también cierta envidia hacia el nuevo burgués:


A Pollença diuen “lé”
i a Inca dicen “vós”
a Binissalem “Senyors”
i a Ciutat “vossa mercè”



(En Pollença dicen “lé” / y en Inca dicen “vos”/ en Binissalem “señor”/ y en Ciudad [Palma] “vuesa merced”)



El nombre de este apacible pueblito no deriva del vino que les ha hecho famosos como pudiera suponerse, sino de su origen árabe: Binizalel. Con seguridad, gracias al Islam (si no antes, bajo el poder de Roma) disfrutarían de excelentes cultivos y, una vez reconquistada la tierra por Jaime II en 1300 desarrollaron el cultivo del vino gracias al avance aportado por los musulmanes.

Hoy por hoy sus numerosas bodegas (abiertas al público) guardan el misterio del vino en esas tan codiciadas cosechas con denominación de origen propia, Binissalem: un vino ligeramente afrutado y muy amable con la querencia que arrebola el rostro inadvertidamente.



Sobre esas cosechas exquisitas se ha hecho la fortuna de este agradable pueblito rodeado de huertas en donde los añosos palacios permanecen como signo de fortuna y poder. Su iglesia en su centro, con una relajante plaza arbolada, no deja de ser estéticamente primus inter pares entre las orondas casonas de burgueses, en unas avenidas que parecen emular las calles de Palma, aunque con un encantador aire de aldea recogida que hace del entorno un maravilloso paseo en día festivo, cuando la gente se congrega al pairo de la atmósfera de improvisada verbena que reverbera en sus plazas.

domingo, 29 de julio de 2012

El viejo tren de Sóller: viaje al interior de la sierra mallorquina


Risueña la mañana en la breve estación del ferrocarril de estética art-decó nos espera paciente el tren-tranvía hacia Sóller, aprovecho para visitar un pequeño museo a pie de andén donde se exponen diversas pinturas concernientes a esta ruta Palma-Sóller, donde encuentro un óleo del arquitecto y sainetero decimonónico Bartomeu Ferrá o los magníficos paisajes, ya en el siglo XX, de Gelabert, Rafael Forteza o Guillermo Nadal, todo ello un preludio artístico del viaje antes de acomodarme en uno de sus viejos asientos de su alma de madera, semejante al viejo tranvía del Tibidabo en Barcelona, se diría un arca de madera ambulante, haciéndonos remontar a los años 40 ó 50, incluso el jefe de estación nos llama a voces para subir a los vagones y con un cornetín da la salida.



La locomotora, en un estruendo de palancas y bufidos infunde vida a las venas de la máquina, desperezándose y poniéndose en marcha en una cadencia menestral y alegre que se prolonga a lo largo de todo el camino, que se infiltra en el sopor de la campiña mallorquina atravesando las huertas y las soledades en un paisaje colorista y plural donde se conjugan el verde forestal hasta el verde fresco y primaveral, cadmio y siena de la tierra y donde conviven almendros, higueras, palmeras, olivos y pinos en apretados bosques, sin olvidarnos del paréntesis de aliento mineral de los túneles que salvaban enormes desfiladeros, sierras talladas a pico moteadas del verde forestal, o cerrando la visión en épicas cumbres arañando las nubes.





El tren va bajando en relajada elipse de la cima al vallecito y tras un abierto recodo, se nos presenta Sóller:

     El cel prepara secrets
     memoris de mandarina,
     i les riberes del vent
     esgarrien taronjades

(El cielo prepara secretas/ memorias de mandarina/, y las riberas del viento/ esparcen naranjadas)

Saluda Bartomeu Rosselló-Porcel en sus versos a este encantador pueblito.

La estación de Sóller tiene a su vez, como su enlace en Palma, una galería artística excelente relacionada con la ciudad en la obra de Joan Miró, en la que destaca la serie Archipelags sauvages , Contelacions y diverses Danseuses (obras que van evolucionando desde la celebración del mundo polifónico hasta la síntesis nuclear en su discurso) y otra sala dedicada a Picasso con piezas cerámicas inspiradas en el entorno, figuras femeninas diversas que insinúan materialidad, misterio y pan-helenismo. Es muy de agradecer esta conexión con el arte del ferrocarril, una iniciativa muy sugestiva de los amigos del ferrocarril de Baleares (http://www.aafb.net/ ).

Centro repostero de reconocido prestigio dentro y fuera de la isla, Sóller cuenta con diversas confiterías muy coloristas y exclusivos salones de té. Pero, por muy celebrados que hayan sido sus dulces, yo solo tenía estómago para una sopa mallorquina (servida y disfrutada en un castizo casino sollerense), tras la cual, además, haberme tomado el más delicioso pastelito me hubiera supuesto los más molestos problemas digestivos.








Sóller, pese a su secuela agraria que hace desparramar las casas en el valle, como gatos esquinados, es en su núcleo urbano un entorno sólidamente burgués de un tono modernista íntimo y recogido, siguiendo las huellas de Gaudí, quien diseñó la estupenda iglesia neo-gótica y unos cuantos palacios, entre ellos el Banco de Sóller.



Callejas hondas y umbrías, flanqueadas de macetas, las fontanas en su mansedumbre tararean su melodía de cristal. De repente tras las calles principales pasamos entre huertas de limoneros con su luminoso fruto esencia de la mañana, entre algún arroyo rumoroso. Calmosa y metódica la vida en el pueblo, resguardado entre los murallones de la sierra como gigantes bondadosos, Sóller queda aposentado y tranquilo como joya en costurero.

domingo, 22 de julio de 2012

Una noche sinfónica en el castillo de Bellver





El impávido castillo de Bellver, sobre su colina, es el cíclope que custodia toda la bahía  destilando historias legendarias de reinados y prisiones, tantas más historias cuanto misterioso es el frondoso bosque de pinos que le rodea. Cual extraño vegetal, se yergue el castillo en su cónica figura, semejando un enigma cósmico en su peculiar anillo, eje de una galaxia ignorada.




Actualmente la fortaleza está destinada a auditorio y en este entorno precisamente tuve la ocasión de asistir con mis tíos Joaquín y Covadonga al tercer concierto del XVII Festival de música de Palma, cuyo programa (ejecutado por la orquesta Sinfónica de Palma bajo la dirección de Salvador Brótons) fue bastante variado a lo largo de la noche, abriendo el concierto una deliciosa pieza del barroco veneciano Marcello (Concierto para oboe), siguiendo con una pequeña composición de Mozart para flauta y una romanza de Dvorak para llegar al descanso con el estreno universal de Orión, obra de Roig-Francolí, contemporáneo catalán afincado en USA, una pieza visceral y dramática con un sentido metafísico y existencial.




La segunda parte la ocupó la egregia Sinfonía del nuevo mundo de Dvorak, unas piezas dirigidas muy hábilmente por Salvador Brotons, que se dejó la piel sobre el escenario, completamente entregado a su tarea, en un delirio de técnica y éxtasis musical que hizo vibrar a toda la platea, un público exigente en un ambiente cordial y muy cercano en que los músicos esperaban su turno de actuación en la orquesta sentados a nuestro lado bajo las arcadas o pasando ajenos por las galerías, reconcentrados en la partitura a interpretar dentro de unos minutos.

El castillo de Bellver, espigado y singular, es un ámbito donde dialogan superpuestas y encabalgadas diversas épocas con toda familiaridad, donde la magia de la música irradia con toda su fuerza en panóptico, dialogando con los guiños ojivales de sus arcadas filtrándose en las regias estancias llenas de frescas soledades, sacudiendo el sopor de fantasmas y poblando de sueños la noche ancestral.




Fotos cedidas por cortesía del ingeniero topógrafo Joaquín  González, responsable del remozado actual del castillo, pilar a pilar, a quien la providencia hizo regresar con la excusa del concierto para recrearse en la contemplación de su propia obra, tantos años después.

sábado, 14 de julio de 2012

Texto apócrifo de C’an Joan de S’aigo: una historia de meriendas

Uno de los sitios de Palma en donde recalo en mis paseos y en donde podéis encontrarme sin mucha dificultad es en el salón de la confitería C’an Joan de S’Aigo, pasando las arcadas ojivales de la Plaça des Quarterades (donde se reclutaba a los jornaleros para trabajar en las cuarteradas o parcelas de tierra) hacia la Plaça de Sant Francesc. Este local, que señala la casa de Juan el aguador se encuentra en las entrañas de la ciudad vieja de Palma, si se quiere llegar a él, debe el caminante aventurarse por el interior de un ocre laberinto a través de callejas, recias posadas y casonas y recónditas plazoletas de añejo sabor.




Fundado en 1700, es el local más antiguo de la isla. Hay algún grabado de la época que ilustra sus inicios, al modo de un simple despacho de pasteles o helados (algo coqueto), hasta adquirir su aspecto burgués y enciclopedista, iluminado de ostentosas lámparas de araña y decoración art-decó que preludia estancia bonancible y próspero refrigerio gracias a su propio obrador, rodeado de reliquias varias.



Mis amigos saben que no soy hombre zampabollos y ni tan siquiera goloso. Los camareros conocen de sobra a aquel muchacho que se trae periódicos y libros para leer; sabiendo que se volverán a ver en breve, se saludan proyectando una red muda de complicidad en las miradas. Yo soy aquel muchacho del rincón que entra con periódicos y libros para leer mientras se deleita moroso con una taza de chocolate o una horchata de almendras, acompañado tal vez de una levitante ensaimada tibia, inmejorable como ninguna otra, un muchacho adiestrado en el exquisito arte del dolce far niente que facilita el ambiente de la confitería, paseando la vista de tanto en tanto por el ámbito para advertir las sombras de la mágica historia que discurre sigilosa, casi detenida, en el legendario salón de C’an Joan de S’aigo. Si me veis por allí, por muy ensoñado que me encuentre, por favor, no dejéis de saludarme.



domingo, 8 de julio de 2012

Antoni Coll Bardolet, estampas de una Mallorca perdida en el tiempo

Existió una línea regionalista vinculada al realismo pictórico que sobrevino en España durante las postrimerías del modernismo, y que fructificó durante los años 1910 hacia 1930 aproximadamente, derivado en gran manera del referido impulso modernista, y de ahí que algunos de esos pintores regionalistas hubieran formado parte de las filas modernista como Santiago Rusiñol o Isidro Nonell, por citar artistas del entorno catalán que repercutieron sobre Antoni Coll Bardolet, pintor mallorquín de quien en estos días se expone una selección retrospectiva de sus pinturas en la capilla anexa al Centro Cultural de la Misericordia, situada en la mitad justa de la Rambla de Palma (una rambla esta la palmense mucho más íntima, recogida y apacible que la barcelonesa).









Coll Bardolet tiene un sentido paisajístico muy definido que practica con gran eficacia, domina la luz (con resabios de Sorolla y Rusiñol) y la perspectiva necesaria, no solo en escenas campesinas sino incluso en estampas sociológicas como fiestas patronales ibicencas y mallorquinas. Coll Bardolet es uno de los grandes pintores de la isla, sus obras muestran el encanto provinciano y romántico de las Baleares que se perpetúa hasta prácticamente la irrupción del turismo durante los 60 en la isla. Se diría un artista epigonal del movimiento regionalista cuando apenas existía ya en la península: los pintores Romero de Torres, Eugenio Hermoso o Zuloaga ya hacía tiempo habían desarrollado su obra cuando Bardolet comienza en los años 30 y 40. Sin embargo, no podemos hablar de retraso propiamente en el autor sino del síntoma psico-social derivado del aislamiento muchas veces voluntario que fomentaba la mentalidad de esta isla en sus habitantes y en una obra, la de Bardolet, que alcanza hasta el siglo XXI y cuyo rasgo principal es el sentido preciso y eficaz del movimiento en tan solo un trazo, como se puede apreciar en las acuarelas y dibujos que dedica a los danzantes mallorquines (siguiendo siempre con la temática folk que raramente abandonará en su vida), una obra fuertemente cinética cuya fuerza no ha podido conseguir del todo la burda copia de un pintor del mercadillo del carrer San Miquel, dicha copia certifica así que no sólo está presente la pintura de Coll Bardolet, sino que tiene seguidores en la isla, un gran honor para cualquier artista, perpetuarse a través de sus epígonos.



Esa tendencia a hacer la foto-fija del espacio desemboca en un sentido documental en la obra de Bardolet, y de esta manera, gracias a él, tenemos testimonio de diversas calles de Palma y especialmente reparo en un dibujo con una escena identificada: la imprenta Mossén Alcover (hoy desaparecida), sita en la calle Calatrava, en donde imprimía sus obras Luis Ripoll, primer editor mallorquín que fijó en la isla esta su humilde empresa, si nos atenemos al dibujo de Bardolet: una pequeña estancia en donde destaca el mismo editor trabajando con una minerva manual de caracteres móviles, seguramente la escena muestra al mismo Ripoll imprimiendo uno de los dos volúmenes de sus Letras mallorquinas, prontuario sui generis de la isla, conglomerado de píldoras textuales divulgativas que en su día fue escribiendo desde 1963 a 1967 para el Mallorca Daily Bulltin en inglés y que él mismo decidió traducir al español y editar sus textos en dos preciosos volúmenes encuardernados en cartoné con portada en cuatricmomía de Boo, cuya primera edición (1970 y 1971 cada volumen), hoy día agotada e inexistente, es una auténtica joya bibliográfica que he tenido la gran fortuna estos días de encontrar y adquirir gracias a mis excelentes proveedores en la isla.