sábado, 5 de mayo de 2012

La paga de los juglares



Cada primavera se repite la misma escena. Los árboles nos ofrecen sus frutos generosos y tentadores en su luminosidad y frescura, suscitando la irresistible atracción  de todos los alegres pajarillos que vivaquean por nuestro jardín que, llenándose el buche a nuestra expensas, provocan la gran irritación de mi madre.
Querría ella conservar intacto los frutos del jardín pero no comprende que eso es imposible para estas goliardescas aves siempre con apetito solo igualable a su infatigable energía cantora. No se puede tener a estos juglares alados hambrientos, no es justo, pese a las protestas de mi madre.  Pequeña ofrenda es entonces unas fresas tempranas o las cerezas que se alzan aún gallardas en la rama al servicio del mirlo burlón o del gorrioncillo festero.

Dejemos estar a estos juglares a nuestro servicio en su escenario floral de muy buena gana asignándoles parte de los frutos en pago, si es su gusto, pues sabido es que el gentilhombre siempre se honra y cobra fama en su liberalidad.
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