domingo, 24 de junio de 2012

La venerable biblioteca de Cort



Junto a la bullanguera y ajetreada vida del turismo en torno, hay una realidad superpuesta en la isla, en efecto: la realidad de su provincianismo dorado y silencioso (la que tratamos de apuntar aquí), el sedimento de emociones, mentalidad y cultura de su gente a lo largo del tiempo, continuamente fructificando en toda la isla como flor asilvestrada, tímida y oculta.



Uno de los remansos de paz en la ciudad de Palma es sin duda la Biblioteca de Cort, oronda y gallarda construcción municipal de gran solera, envuelta en mueblería venerable cuyas estanterías albergan el inmenso acervo propio y forastero, flanqueado de grandes mesas donde algunas personas consultan obras y revistas y un puñado de universitarios irradian sopor reconcentrado estudiando para sus exámenes.


La biblioteca de Cort guarda ese espíritu palatino y burgués tan decimonónico en su estética de arabesco y modernismo, llena de estancias frescas, grato descanso en el mediodía para todo aquel que, en tregua de su deambular callejero, se refugia adentrándose en el edificio, buscando tal vez descifrar el enigma que encierra este risueño palacio que a todos nosotros nos presta gentilmente su acogida en el mismo centro de la ciudad.

domingo, 17 de junio de 2012

Arte y subversión dadá: George Grosz veranea en Palma

Uno de los más relevantes artistas del siglo XX se encuentra estos días alojado en los salones de Caixa Forum en Palma y pasará el verano entre nosotros. De Berlín a Nueva York (1912-1957), título de la muestra que ha comisariado Annette Voguel, extiende retrospectivamente la obra del alemán George Grosz desde sus primeros ensayos expresionistas hasta avanzar hacia su expresión ácida, irónica y desencantada posicionándose decididamente en el batallón vanguardista del  dadaísmo haciéndose uno de sus cabecillas tras la primera guerra mundial,  tendencia que abarcará gran parte de su vida, hasta que en los años 50 desde su exilio americano de Nueva York su mirada crítica se vuelve más comedida.




Donde se encuentra el fermento vital de George Grosz más energético es sin duda en esa obra gráfica en blanco y negro con esa narratividad de secuencias fundidas en un solo plano en un sentido muy cinematográfico y plástico creando ejes siempre inestables y fuertemente dinámicos que vertebran su discurso desde una concepción espacial de perspectiva cónica ayudado de una iconografía muy particular en donde se reflexiona acerca de la falsedad del sistema de valores burgueses (predominante en su época), que le infunde sin remedio su aire fuertemente contestatario, que le valió su adhesión al dadaísmo alemán durante las décadas de los 20, 30 y 40 del siglo pasado.

Grosz, en su visión ácida y grotesca de la realidad, es una sonora y ostentosa náusea provocada en la degradación del ser humano que se arrastra en las urbes vapuleadas tras la Primera Guerra Mundial. Las calles son para élun studia humanitatis en donde exponer el gran teatro del mundo, un vórtice de ambiciones y necedades donde se mueven fantoches en un grotesco desfile donde reina la hipocresía más lancinante sobre todos los seres humanos, caricaturizados y animalizados en su visión grotesca de la realidad, arrogantes militares desmembrados, burgueses arrogantes que son el cadáver ambulante de sí mismos, clérigos de falsas martingalas y paseantes alienados en un lodazal humano deshumanizado, agonizante y claustrofóbico, un mundo que recoge la visión despiadada de Grosz para todos aquellos que pisotean la dignidad de los hombres, ávidos de vanidades y riquezas. Como siempre todos aquellos que en el mundo han sido, por eso su arte supone vitalismo dadaísta por cuanto protesta y vulnera los principios burgueses en los que la sociedad actual descansa.

El arte de Grosz supone deformación grotesca (al modo de El Greco, Goya o Gutiérrez Solana, autores españoles que no le eran ajenos al alemán) para ridiculizar los principios de esta sociedad burguesa bienpensante y absurda, su acidez, su bilis estética se ha hecho ya síntoma propio del artista contemporáneo, una bocanada de aire fresco y violento para despertar nuestra conciencia.

domingo, 10 de junio de 2012

Aterrizaje en Mallorca: la aventura continúa

Vuelvo al embrujo de la isla como el reencuentro de un viejo amigo. La realidad efervescente y orgánica de las Baleares se mueve en un turbión luminoso de influencias variopintas en el vertiginoso fluir del tiempo. Tierra de tolerancia y pragmática, cosmopolita, deja entrever, al poco que se le conoce, una idea que revela el orgullo de sí misma:  si arrastra en su encanto tantas  gentes y negocios, si desde todos los rincones del mundo han venido a quedarse formando colonias de ingleses, alemanes o noruegos  es porque toda esa gente ha querido venir, ya que Mallorca no los ha llamado. 

La isla es hoguera de vanidades del mundo occidental, un emporio y tierra de promisión, pero se muestra siempre madre celosa de sus vástagos, de ahí que en estos se haya forjado un carácter que  muestra una condescendiente pero distante cortesía con los forasteros.
Es la raza de unos hombres fuertes criados en una tierra áspera a quienes no se les ha dado nada y crecen fortalecidos en sus propias tradiciones, valiéndose muchas veces del forastero para sobrevivir pero con el que raramente comparten su visión, que consideran frívolas frente a su cultura milenaria. Baleares, joya del mediterráneo,  se desdobla en su encanto provinciano,  tierra bondadosa y humilde entre higueras y arcanos, sigue siendo un misterio de poderosa atracción. Vuelvo a recorrer, concreta y luminosa, esta tierra. Regresa, poderosa, la aventura.