martes, 26 de febrero de 2013

La estética de habitar las ideas





Siempre me ha acompañado en mi vida como paradigma de la suprema elegancia esta imagen de la galería exterior del castillo de los duques de Feria en Zafra coqueto mirador entre las severas torres.

He ido creciendo agavillando vivencias asociadas a esta imagen protagonista de tantas puestas de sol, alboradas o fenómenos celestes completamente irreales, protagonista en fin de una realidad onírica que danza en los rincones de mi memoria.


Soportando el mudo hieratismo de esta galería a través de tantos años (pues así es la belleza en su perfección: fría e inhumana), deleitándome siempre en su serena gallardía, intemporal y aristocrática, he ido enriqueciéndola de matices y de divagaciones, soñando aventuras galantes bajo sus esbeltos arcos acampanados.
Si alguien me preguntase qué es lo sublime, le respondería con esta imagen. El arte como expresión de la inmanencia en el tiempo tiene en la forma arquitectónica una de sus más soberbias expresiones, materializando ideas que, sobrepasando épocas y fronteras, se hacen formas eternas del puro ideal.
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