jueves, 26 de diciembre de 2013

La ciclogénesis y el vendaval romántico




Podemos sentir (poniéndole imaginación) aquello de la blanca navidad, aunque sea difícil ver caer la nieve por estos lares, y otros motivos navideños asociados al mundo anglosajón. También puede ser dulce pasar una navidad ante la amorosa chimenea escuchando ulular el viento y la lluvia tras los cristales, imaginando el temporal que azota las calles. 

Lo dificil va a ser encontrar epítetos apropiados a la ciclogénesis que estos días ha recorrido España, palabreja que designa un accidente climatológico popularmente conocido como tempestad.

¿Se ha pretendido crear estado de alarma ante el desconcierto conceptual del término o es sólo para motivar nuestra cansada atención?.

Sea como sea, anunciar que en diciembre habrá ciclogénesis me parece una verdad de Perogrullo para la que no hace falta estudiar. Lo peor no es ya que sea tan previsible de asustar, no. Lo peor es que  ciclogénesis es expresión anodina e insípida carente de todo estado emocional.

La ciclogénesis crea la realidad empobrecida en la que nos encontramos. Una realidad pedestre carente de ilusiones y desamparada de todo.

Si se nos informara, en cambio, recurriendo a la furiosa tempestad de los pasajes románticos, nos infundiría brío y poesía con que afrontar la vida. Todo el mundo se sentiría jubiloso mostrando al frente (aguerrido a la par que socarrón) su revuelta cabellera como orgullosa bandera ondeando al viento.        




domingo, 15 de diciembre de 2013

Hermandad de clarinetes en la noche de Clarándalus

 
Se va replegando el año sobre sí mismo en una apacible  salida en espera de reconfigurar agendas más latentes y la actualidad, así, se muestra en un lustre oleaginoso y pesado del que asistir a un concierto es un buen modo de sacudir la zozobra.

El último concierto del año de las Juventudes Musicales de Zafra del pasado sábado ha estado a cargo del quinteto sevillano Clarándalus, cuya peculiaridad estriba en ser un quinteto de clarinetes, innovadora fórmula musical muy colorista y versátil con que se puede ejecutar sin problemas cualquier pieza.

El repertorio que desplegaron en la sala el quinteto Clarándalus oscilaba entre los compositores regionalistas españoles de las primeras décadas del siglo XX (Albéniz, Quiroga y Turina) y otras piezas de sonoridad anglosajona de carácter jazzístico en autores como Paul Desmond y Scott Joplin, muchas de estas piezas arregladas por el músico zafrense Ignacio Caballero (presente en la sala), a quien el grupo sevillano dedicó el concierto.

El timbre pizpireto de los clarinetes, a juzgar por lo mostrado de Clarándalus, no es óbice para desplegar un extenso registro sonoro en donde los instrumentos pueden inmediatamente reagruparse aisladamente en contrapunteos, así como arroparse y envolverse para crear diversas texturas, haciendo un grupo instrumental muy orgánico lleno de vitalidad.

Era divertido ver cómo los músicos en los entreactos descongestionaban sus narices soplando por los tubos, haciendo salir de los clarinetes el viento desquiciado que, desentrapando, oxigenaba sus fosas.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Veleidad y ensalmo de Sevilla




Vuelvo a Sevilla tras unos meses de ausencia y la ciudad me saluda en una limpia mañana con la benevolencia que se ofrece al hijo pródigo de necesidad, pues no a placer o a desgana se origina mi ausencia.

Vuelvo a respirar la ciudad, cuya gracia y compostura tiene por espejo el río, cielo inverso donde se contempla alborozada como una joven sabedora de su belleza que sólo entregara su encanto a los fieles que saben ensalzarla en su armónico y luminoso poema.

Así es Sevilla.



En el museo de Bellas Artes, los óleos de Julio Romero de Torres (presentados en exposición retrospectiva de su obra) crean una analogía atinada de este espíritu en aquellas sus musas misteriosas de ojos graves presas de un oscuro designio, centro de sus dramáticas alegorías, desbordadas de un contenido erotismo.
    
Visito las venerables iglesias donde los siglos fermentan en la devoción popular que abruma las naves. Es la misma devoción que ha montado los belenes tradicionales que se exhiben esplendorosos en estas fechas, retablos costumbristas españolizando las escrituras en un castizo alarde de entender la vida y la trascendencia.

Las calles populosas de gentes y de luces preludian ya la navidad en una anticipación de requiebro urgente, desatendiendo la realidad para empozarse en el veleidoso ensueño andalusí, alma de nardo del árabe español creando su propio paraíso artificial de donde está excluida toda miseria, reinando por siempre la belleza en su eternal forma, impávida e inmaculada.   






jueves, 5 de diciembre de 2013

La idiotez congénita de los no-seres



 
Las personas pobres de espíritu (sin coherencia ni personalidad), es decir, los no-seres, son las personas  más nocivas y perjudiciales de la humanidad, porque no sólo se hacen daño a sí mismas, sino que también se lo hacen a las gentes que tienen a su alrededor.

Se puede obrar mal por algún motivo concreto. Haciendo el mal, a veces, se está haciendo un bien. El mal no siempre es categórico y absoluto, sino que supone en ocasiones la carencia del bien.

Podemos actuar incorrectamente, a veces, para evitar males mayores. O por puro egoísmo. Existen los genios del mal y hasta pueden ser justificables en sus propios fines.

Todo tiene una respuesta.

Pero no saber qué se está haciendo, hacer daño continuamente sin saberlo ni proponérselo no es justificable ni tiene perdón.

Es muy peligroso que alguien no controle sus actos ni sus palabras, porque puede estar creando un daño tan inútil y gratuito que, sobre todo, por eso mismo, ese acto es  propio de un ser idiota e indigno de la vida.