domingo, 16 de marzo de 2014

Cómo hacer un triángulo vanguardista en un fin de semana







No parece haber pasado el tiempo desde que el PechakuchaNight Festival realizó su segunda edición en abril del año pasado en la SalaAftasí cuando tras casi un año vuelve en su cuarta edición, organizado por la compañera  Concha Hierro del Hoyo (por cuanto periodista), entre otras personas.


El Pechakucha Night es un foro de emprendimiento público en una sala de ocio nocturno cuya dinámica consiste en una sesión de microconferencias  audiovisuales con un tiempo limitado a 6 minutos 40 segundos por cada intervención durante la cual los ponentes se acompañan de proyecciones de diapositivas a un ritmo de 20 segundos cada una para un total de 20 imágenes. Un formato para transmitir mensajes claros y concretos.

Asistir al Pechakucha es un hábito saludable ya que  supone un saludable hábito de revulsivo mental y un foro de encuentro excelente para compartir ideas y emociones. Siempre se encuentran amigos y se hacen contactos. 

Allí expusieron tres amigos que volvimos a vernos tras largo tiempo: Mari Carmen Pérez, que promovió los valores de la filosofía slow desde el autoconocimiento mediante los talleres que está impartiendo en Badajoz a través de su Universo Flow.

 También habló el bueno de Diego Albardonedo, granjero de ideas en SeisonseisCreatividad Funcional, exponiendo en Huertalógica de ideas un creativo ciclo de vida empresarial asimilado al ciclo biológico de una cosecha. 

Mi paisana Beli Carreras junto a Marta Barrenechea, las Hortelanas Urbanas, presentaban allí su proyecto de huertos adaptados al espacio urbano, de cuidadas y cariñosas palabras hacia el crecimiento de las plantas, esas tiernas criaturas que siempre necesitan de nuestro afecto.

Nos regalaron la noche 12 microconferencias, cuya crónica global he realizado para Madreselva y que saldrá en breve, si queréis más información.




Rematamos el Pechakucha tomando una copa y conversando en corro con algunas personas. Con Mari Carmen Pérez (Universo Flow) pegamos la hebra con José Antonio García (periodista de Canal Extremadura), y al rato se nos unió Ángel Álvarez Taladriz, caballero italiano habitual de estos foros quien nos comentó un monumental proyecto cultural que tiene entre manos, que dará que hablar en Badajoz dentro de muy poco..


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Embolsándome varios contactos, con la mente bullendo de ideas y con la exclusiva del amigo Ángel Taladriz amanecí en Badajoz para asistir a la exposición Referencias en el MEIAC, una colectiva de artistas portugueses y españoles dentro del Fondo de Antonio Cachola donde predominaba las instalaciones, haciendo hincapié en la identidad del hombre ligado a un territorio como espacio cultural. Obras diversas de arte digital, fotografías y algunas pinturas completaban una exposición caracterizada por su eclecticismo.

Fuente: Miguel de Guzmán

Una vez en Zafra asistí, mediada la tarde, a la inauguración de otra exposición sobre carteles de Picasso, excusa ideal para abrir la Sala Tenerías, edificio exento junto al Teatro proyectado en su día por el amigo Roberto Müller, quien ha interpretado estupendamente el aire rústico de este espacio, aprovechándolo en su azotea como mirador al horizonte que se alza presidido por el Castellar.

Hice un breve recorrido por la sala para hacerme una idea de la exposición de/sobre Picasso, recogiendo su producción cartelística entre 1955 y 1984 para enseguida salir a Los Santos de Maimona, donde en la Sala Guirigai había quedado para ver la comedia El efecto Dulcinea,  a cargo de la compañía La estampa Teatro, protagonizada por Concha Rodríguez y Jose Antonio Lucia, una obra de las veleidades de una emprendedora y ama de casa traumatizada que intenta reiniciar su vida inventándose otra identidad.




Un personaje muy doméstico expuesto a vaivenes emocionales con un rechazo a los falsos modelos (y superficialmente) asumidos en cuanto a espíritu  emprendedor-social y al modelo humano supuestamente perfecto que desea alcanzar la protagonista.

Un debate muy actual con el que acabamos la noche departiendo  al calor del vino que nos ofreció Agustín Iglesias en la Sala Guirigai, junto a otros amigos, entre otros, el poeta José Manuel Martín Portales (recientemente premiado con el Gabriel Celaya de Poesía con el poemario Patio interior), y algún que otro miembro de la compañía La oveja negra, tertulia que sirvió de colofón a un fin de semana inquieto lleno de dinámicas variadas entre ideas de vanguardia, arte y  amistad, una trilogía que siempre van unidas y nunca debe faltar.
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