sábado, 25 de enero de 2014

Amor y Libertad. La doble frustración de Mariana Pineda


La noche del viernes había mucho Guirigai en Los Santos de Maimona, con una programación doble: exposición de Mercedes Pimiento (de la que he publicado la crítica paraMadreselva) y el montaje de Mariana Pineda de García Lorca a cargo de Teatro del Norte (compañía asturiana dirigida por Etelvino Vázquez) , así que allá nos dejamos caer el amigo poeta José Manuel MartínPortales y yo a la hora convenida.

La representación del Teatro del Norte fue bastante intensa, sintetizando el asunto dramático en la acción de Mariana Pineda (Cristina Lorenzo), personaje que cristalizaba la acción restante y donde confluían el resto de personajes: el pavoroso juez Pedrosa (Etelvino Vázquez), y Fernando (David González), enamorado platónicamente de Mariana, encargado de vincularla en sus recados a la acción secundaria (irrepresentada).



El montaje de Etelvino Vázquez planteaba dos planos de acción reflejados en sendos espacios escénicos diversos gracias a unas mamparas transparentes desde las que se accedía al ambiente principal. Desde esas mamparas se escenificaba el mundo interior de los personajes, donde la música creaba sugestiones bastante eficaces: música espectral para el juez Pedrosa, idealista para don Pedro y Fernando.

La representación del plano onírico era tan importante en el desarrollo de la obra que en ocasiones inundaba el presente escénico (donde la anécdota era mínima en ocasiones) para volcarla en la emocionalidad de los personajes en una acción que se inicia en flash-back desde un espacio inconcreto y eterno, cuyo velo de eternidad rompe Mariana Pineda para entrar en escena y arrojarse a la realidad. 


Ese mismo velo es el que le servirá de mortaja (al igual que la bandera en un plano simbólico) para cerrar la historia una vez Mariana sea condenada por la justicia del rey a una muerte que se desdobla en su sentido: muere el amor imposible de Mariana con Don Pedro (dirigente liberal obligado a huir),  - que supone la muerte del amor que le ofrendaba Fernando, porque despechada en su ideal, Mariana a quien va a terminar amando será a la idea de la libertad para justificar sus propios sentimientos, y a la vez, también con la muerte de Mariana (insobornable a su destino fatal) esa misma libertad por la que se inmola sucumbe frente a la autoridad represiva que la condena.

La mañana del sábado hemos cambiado impresiones con los actores del Teatro del Norte en el segundo encuentro que hemos realizado en la Sala Guirigai, del que saldrá nuestra segunda Crónica de Ulises próximamente. Faltaban los anfitriones artísticos  Magda y Agustín, que se encuentran en Zaragoza con su función de Noche oscura (donde han recabado gran éxito), por lo que su hijo José (Iglesias García-Arenal) ha  asumido eficientemente la función de maestro de ceremonias en unas jornadas que confío pronto repetiremos, consolidando el proyecto cultural de este singular espacio. Porque, sobre todo, se siente en la Sala Guirigai algo muy difícil de lograr, el sentido original del arte: se siente fermentar y verdecer la creatividad, al calor siempre cordial de los amigos. 

Fuente fotos: Rocío Miravalles/Teatro del Norte

domingo, 19 de enero de 2014

¿Por qué estás tan triste Principito?





El dúo jerezano GonzálezCalderón actuó en el pasado concierto de abono de los sábados musicales  de las Juventudes Musicales de Zafra interpretando  13 imágenes para El Principito, original de Alberto González Calderón quien (nos reveló al término del concierto) compuso estas piezas como regalo para su hija Beatriz (la violonchelista del dúo).  Esta íntima genética de la obra infundió al concierto una intensa personalidad  que  nos envolvió  en todo momento.

Alberto González Calderón supo ilustrar con maestría los pasajes de la popular obra de Antoine de Saint-Exupèry en pinceladas sonoras muy intensas. La dialéctica musical  del dúo vertebra el discurso en una doble vertiente: narrativa (el cromatismo del piano) y lírica gracias al cello en sus espesos  acordes,  proyectando juntos el universo extrañado de El Principito, un ser desarraigado de su entorno en cuya búsqueda va explorando otros mundos en  un viaje iniciático que equivale al conocimiento de sí mismo en medio del desamparo y la noche. 



El Principito significa así la deriva existencial del ser humano enfrentado a un mundo hostil en el que debe sobrevivir, la caída simbólica del paraíso que busca en su marcha errante, al modo del vuelo del paracaidista, motivo místico de la vanguardia a la que este precioso relato se asocia.

El dúo GonzálezCalderón ha enriquecido la obra literaria con sus cuadros sonoros llenos de un desbordante lirismo que nos ha conmovido en profundidad, vertiendo musicalmente el desamparo, la angustia y el desconcierto de El Principito, ese ser desbordante de poesía que  atraviesa un mundo desangelado a la busca de respuestas que sólo encontrará, igual que cualquiera de nosotros, en la dimensión y en el grado de la realidad que estemos dispuestos a asumir.

domingo, 12 de enero de 2014

Atalaya de claridades en Sevilla. Tertulia mañanera con Pablo del Barco





Foto: Leyendas de Sevilla



La calle Feria vive en el fulgor de los naranjos una eterna verbena presidida por el viejo mercado a cuya sombra canta algún gitano una copla aguardentosa, alegría y tristeza, una calle donde fermenta la vida en un arrebujado rumor de gentes, como tan bien reflejó en su canción la mítica Triana.

Hoy la calle Feria, es un larguísimo cordón menestral que recorre Sevilla arracimando mercaderías de los más varios pelajes, sede del tradicional Jueves, tiendas galdosianas y  librerías de viejo en una serpentina azarosa por donde pululan a primera mañana traperos, comisionistas sin comisión y estudiantes golfos.

Me he anticipado a la hora convenida de nuestro encuentro y aprovecho la espera para entrar en la iglesia del Omnium Sanctorum (el cuartel general de los santos), rústica basílica de un gótico arcaico donde el ladrillo traza esbeltos arcos de aire morisco soñando poliedros en su eternidad. 





Al salir, Pablo del Barco y yo nos encontramos en el camino al café donde hemos quedado para desayunar. En su calidad de pintor y poeta le comento mi visita a la basílica pero me revela que en los 40 años que lleva en Sevilla ha pisado pocas iglesias, coherente, supongo, con su espíritu pagano que en más de una ocasión le ha ocasionado algún que otro escándalo público.

Foto: Nivagua


Tras desayunar, vamos visitando los mercachifles de libros que hay por el barrio, engolosinándose Pablo con los libros que va viendo a su paso. Su bibliofilia es clásica en él con un criterio bastante heterogéneo y libre de todo prejuicio. Tiene la eficaz y hábil inteligencia de cultivar y aunar en sí mismos el kitsch, la contracultura y lo retro como un trofeo silvestre del barrio.


Pablo del Barco vive en su retiro dorado tras su etapa de profesor universitario. Prosigue su labor artística (nunca interrumpida) gracias a su galería, la mítica Factoría del Barco (donde le fotografío), a su vez editorial, en donde acaba de lanzar su último poemario Desnudar la mácula (Factoría del Barco, Sevilla, 2013) , diario de sus divagaciones andariegas por la ciudad, poesía cotidiana cuyos motivos son pretexto para las más diversas elucubraciones existenciales desde el yo poético, que ya hemos reseñado comocorresponde en Giroscopio.



La pintura de Pablo del Barco es gestual, luminosa, vivaracha y pajarera expresando bastante del ánimo lúdico que subyace en su recio espíritu burgalés, que le hace seguir madrugando a la misma hora todos los días del año, pudiendo haberse quedado en poeta camastrón.

Estos días se encuentra gestionando El color peregrino, una exposición colectiva donde se encuentra Pablo junto a otros cinco pintores (Javier Fito, Ana Márquez, L'Auro L. Pizarro, Revilla XII y Tafia), cuyo tema es el Camino de Santiago que ya inició su andadura en la galería del Barco prosiguiendo en Écija, Guadalcanal para dar el salto a Burgos y en este año 14 se espera una serie de ciudades aún por determinar.

Pablo del Barco, burgalés transterrado en Sevilla, pintor, poeta y crítico tiene la mirada precisa y necesaria para mancharse de luz los ojos en la mañana y cosechar el canto de los gorriones en un carrusel de colores de una verbena llena de confeti y guirnalda. Pablo del Barco es el poeta visionario y jocoso que respira entrañable el aroma del barrio entregado a una vida barroquizante de poesía y pintura en pos de la utopía. Rosa y látigo, su voz (rebelde siempre) nos ampara.

miércoles, 8 de enero de 2014

Acción poética con Francisco Peralto. La liturgia de Minerva.




Foto: Rafael Peralto


He abierto el año poéticamente viajando a Málaga, recogiendo así la propuesta del amigo Francisco Peralto, poeta, editor e impresor entre otras cosas más que, con motivo del   50 aniversario de su labor artística (en coincidencia con sus años al mando de su editorial Corona del Sur) el próximo 2015, me ha invitado (entre otros autores amigos) a realizar una acción poético-tipográfica en su Minerva, que ha tenido como consecuencia la edición (limitada) de 25 ejemplares numerados y firmados por un servidor de un exquisito pliego de poesía (una plaquette de 9 textos titulada El sonido nuclear) cuya firma en portada (Farona) ha sido compuesta manualmente por mí.

Coincidimos, junto a su hijo Rafael, en el 2009 con ocasión del II Encuentro de poesía visual de Peñarroya-Pueblonuevo, invitados por Francisco Aliseda (director en aquel entonces del Centro de Poesía Visual de este apacible pueblo), pero la última vez que visité el taller del maestro Peralto fue en ocasión de una entrevista que realicé para Boek861 en el 2005. Desde entonces ha publicado miles de páginas propias y ajenas y se ha adentrado en el arte de acción, por ello he aprovechado para hacerle otra entrevista, actualizando sus planteamientos, que saldrá próximamente en la edición electrónica de Giroscopio.



Dedicado ahora a  tareas de asesoría artística, Peralto siempre ha sido el alma mater de Corona del Sur, única editorial privada española dedicada a la poesía experimental hoy día, cuyos diez últimos años de actividad se recogen en un volumen enciclopédico, Visual libros (2001-2010), un precioso libro-objeto (y por ello, único ejemplar, aparte de la dedicatoria a mí dirigida) de unas 1100 páginas que el maestro me ha regalado. Quienes gestionan el día a día de la empresa son sus hijos Carmen y Rafael Peralto, también, a su vez, artistas. Carmen en una onda más literaria (en el sentido de textual) con collage y fotocomposiciones líricas y Rafael con una obra algo más (foto)letrista de raíz maquinista.


Conversar en Corona del Sur con esta saga de artistas es todo un privilegio, demiurgos de la liturgia del verbo en la acción de la minerva, esa máquina legendaria, sueño renacentista, ecuménico y sacramental con la que Francisco Peralto oficia el milagro de la encarnación del verbo en la página desde hace cincuenta años.

Foto: Rafael Peralto

La imprenta es un santuario de papel y, fieles devotos del libro, iniciamos la liturgia de la impresión, siguiendo las indicaciones del maestro.

El texto hay que montarlo en la jaula con los tipos móviles en una horquilla para p(a/o)sarla luego en la caja que, pasa a las entrañas de la máquina para que, maniobrando con una palanca, el papel que aguarda reciba el lengüetazo de tinta y luego el abrazo impresionante de la minerva.



Tras la consagración de la palabra en la acción poetico-tipográfica, el tiempo primaveral de Málaga invitaba al paseo así que hemos salido el maestro y yo a recorrer las calles de Málaga hasta un restaurante donde Peralto me ha invitado a comer carabineros (una especie de bovagavantes pequeñitos) que revitalizan en su jugosidad y sabor delicado.

Francisco Peralto no deja de trazar caminos en la poesía, un poeta que aúna diversas facetas como la bibliofilia y la investigación desde diversas vías que culminan en esa poesía profunda que es camino para destrozar/ los límites que nos impone la naturaleza (1)   un maremágnum de color guiado siempre por la utopía que él consigue hacer realidad.

Tras una sobremesa apacible callejeando por su entrañable calle Larios (calle a la que ha dedicado una novela) nos despedimos en la Alameda para dejarle rumiando ideas y proyectos, brujuleando mentalmente nuevas dimensiones que surcar en su espíritu aventurero y literario que alumbren sus páginas y nos alumbren también a nosotros, marineros en el proceloso mar del arte donde Francisco Peralto sabe guiarse decididamente con sus  brillantes hallazgos marcando el rumbo.


(1) Francisco Peralto: Artificios fotográficos con Roberto Farona, Cartas y artificios nº 40, Corona del Sur, Málaga, 2010