sábado, 12 de noviembre de 2016

Elektra, horizontes de justicia



Foto: Artezblai



Elektra se consume en la venganza hacia Egisto, amante de su madre Clintemnestra y asesino de  su padre Agamenón, rey de Atreo, esperando la vuelta de su hermano Orestes, ejecutor del castigo, quien hará cumplir la venganza y así la justicia eterna en la que el alma torturada de Elektra podrá al fin descansar.

La compañía asturiana Teatro del Norte (sobradamente conocida en la Sala Guirigai) bajo la dirección de Etelvino Vázquez representó el viernes 11 de noviembre en la Sala Guirigai de Los Santos de Maimona una versión de esta tragedia clásica para cuyo guión Etelvino se ha inspirado en los textos de Sófocles, Eurípides, Hugo Von Hofmannsthal, Heiner Müller, Sartre y Strauss todo una sabrosa herencia que  ha sabido interpretarse de una manera muy personal, haciendo hincapié en el irracionalismo de los personajes, especialmente de Elektra, caracterizada por Cristina Lorenzo, quien realizó una interpretación memorable sobre la dignidad ultrajada, un personaje manipulador que guiará a Orestes (David González) tras la insidiosa incertidumbre de su regreso, para culminar el castigo contra Egisto y Climtemnestra (Etelvino Vázquez).

La música del montaje (original de Alberto Rionda) crea una gran sugestión en un espacio escénico inquietante y simbólico (creado por Carlos Lorenzo) cuyo centro era la puerta del palacio y el acceso a la psique de los personajes (muy propio en el lenguaje de Teatro del Norte) flanqueado por barras alusivas a la prisión que vive Elektra y su hermana en vida dentro del palacio, que en su reflejo metálico (luminotecnia de Rubén Álvarez) advierte de la tragedia que se aproxima, en una intriga permanente bajo la angustia de Elecktra, alma rebelde retorcida en el dolor y la miseria de sentir profanada su sangre, rivalizando con su madre Climtemenestra, consentidora del horrendo crimen (justificándolo ésta como castigo a su esposo Agamenón por sacrificar a su hija Ifigenia).


Teatro del Norte ha interpretado su Elektra en la dimensión intemporal del irracionalismo que se apodera de los personajes,  hundidos en un abismo psicológico. Una obra potenciada por el aire épico que inspiró a los románticos en su día y que hoy por hoy sigue muy vigente porque, al fin y al cabo, Elektra es la tragedia de la lucha por recobrar la dignidad del ser humano, un largo camino lleno de interminables vilezas y dificultades hasta llegar a la ansiada justicia, principio y fin del proceso ético y vital.
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