domingo, 29 de enero de 2017

¿Adónde vas Alicia?






Las re-creaciones musicales de sugestión literaria tienen siempre el gran reto de saber acomodarse a la tradición que el público ha heredado de esos temas, tan subjetiva como variopinta pero el dúo González-Calderón (sobradamente conocidos del auditorio) superó este escollo sin problemas en su Alicia, concierto ofrecido en el foro de los Sábados musicales de las Juventudes Musicales de Zafra el pasado 28 de febrero en su sede habitual del pabellón central del recinto ferial.

El maestro granadino Alberto González Calderón (piano) y su hija Beatriz (violoncello) interpretaron su propia re-creación musical de Alicia en el país de las maravillas en 12 cuadros musicales que iban siendo presentados por Beatriz en lecturas de fragmentos de la obra de Lewis Carroll.

La música se deslizaba cromática y narrativa en los pasajes, desplegando diversos tonos presentando la acción, advirtiendo humor, ironía y la profunda amargura de un personaje, Alicia, que está buscando su identidad y que se ve abocado a abandonar su ideal volviendo a su vida gris, dejando un poso de nostalgia desvalida que endulzó delicadamente la noche. 

sábado, 28 de enero de 2017

La otra mano de Cervantes, psicoanálisis apócrifo de La Fundición Teatro






El año Cervantes nos ha dejado una estela de obras ingeniosas en memoria del Manco de Lepanto pero seguramente pocas han interiorizado en su psicología como la que ha firmado Luis Felipe Blanco Vilches, autor de La otra mano de Cervantes, obra que ha representado la compañía sevillana La fundición dirigida por Pedro Álvarez Ossorio el 27 y 28 de enero en la Sala Guirigai de Los Santos de Maimona.

La obra sitúa la acción en el penal de Sevilla donde históricamente Cervantes cumplió pena acusado de prevaricación, un comienzo donde coinciden algunos homenajes cervantinos, ya que la prisión es el lugar del fracaso y por eso es propenso a la reflexión, que dará lugar al  ensimismamiento del protagonista (Sebastián Haro), que repasará su obra y su vida en compañía de Diego (Jasio Velasco), su compañero de celda, ante el que declara su justificación artística y existencial.

La estructura de la obra se establece en torno a los dos momentos de la progresión psicológica del personaje en presidio (su título alude a ello como si de una memoria apócrifa se tratase), curva que Haro supo trazar con habilidad y aplomo en su interpretación. 

Inicialmente, cuando recién llega a la cárcel, el personaje se arropa de una gran jactancia como defensa ante la adversidad, frente a la que va cediendo paulatinamente hasta que acaba reconociendo su crimen, despojándose de toda máscara, disueltos ya los argumentos que le permitían vivir en la altanería de su engaño. 

Paralelamente, su compañero de celda Diego (Jasio Velasco), personaje rudo y bobalicón, asumirá en un segundo momento la conciencia artística del personaje de Cervantes (mientras que éste desciende a los infiernos, como decimos), de la misma manera que en El Quijote se quijotiza Sancho y se sanchifica Don Quijote, invirtiendo sus roles iniciales. Esta dinámica es subrayada musicalmente por el cello de Carmen García Moreno, personaje secundario que completa la acción en una escenografía muy vistosa diseñada por Rocco Lombardi, planteando un espectáculo de efectos visuales (diseñados por Carmen Mori) muy sugestivo, de acuerdo a las elucubraciones y a la fantasía proyectad de los personajes.

La otra mano de Cervantes de Blanco Vilches, representada ahora en la Sala Guirigai, afronta la sensibilidad de Cervantes desde su propia humanidad como un ser oscuro y cínico cuyas palabras continuamente hacían un guiño a la actualidad española más candente que, por muchos siglos que hayan pasado, siempre son actuales, del mismo modo que se muestra siempre de palpitante actualidad y talento su obra inmortal Don Quijote de la Mancha.

domingo, 15 de enero de 2017

La pasión ibérica de José Luis Nieto


Foto: Claudia Vázquez


Siempre se ha dicho que un creador necesita sus intérpretes para transmitir su mensaje. Cuando los intérpretes adquieren una personal destreza en lo que hacen, se convierten en co-creadores al mismo nivel de autoría.

El concierto ofrecido por el pianista  José Luis Nieto invitado por las JJ MMZafra a los Sábados Musicales en el Pabellón Central del Recinto Ferial el 14 de enero desarrolló íntegra la Suite Iberia de Albéniz,  cuatro series de tres piezas basadas en paisajes musicales españoles, de gran cromatismo musical en Albéniz, dado que persigue una sugestión plástica entre influencias literarias y pictóricas de su época.


José Luis Nieto realizó  una vibrante interpretación del repertorio de Albéniz en el que no sólo logró diseñar y concretar con maestría las estampas musicales  sino que añadió otras sensaciones sonoras y emocionales en una ejecución intensa, vehemente y apasionada abierta a la acertada improvisación de este pianista gaditano, de gran dominio técnico con cuyo repertorio homenajeaba (según palabras que dirigió al público en un aparte), a Albéniz, un músico que convenía rescatar, y que ahora en los Sábados Musicales, gracias al pianista José Luis Nieto hemos podido saborear su obra a nuestro placer y con total energía.       

sábado, 14 de enero de 2017

Desinformación, esclavitud y poder, de Meridional producciones




Hay argumentos escasamente convencionales  que, sin embargo,  son idóneos para transladar al público inquietudes determinadas  y no son habituales en cuanto se plantean cuestiones de nuestra realidad actual que, además, aún se encuentran irresueltas.  Una prueba de lo dicho la encontramos en Los esclavos de mis esclavos sobre el conflicto de oriente medio para tratar un problema humano, drama original de  Julio Salvatierra que representó la polivalente Meridional producciones bajo la dirección de Álvaro Lavín en la  Sala Guirigai de Los Santos de Maimona la noche del 13 de enero.

Tres cooperantes apresados por los guerrilleros afganos se ven forzados a una convivencia febril y opaca a la que progresivamente se irán adaptando gracias a diversas estrategias,  gracias a la cual los personajes conseguirán la pura supervivencia sobre sí mismos y sobre los demás, aceptándose entre sí, hecho que transciende a toda ideología.

La obra, como no podía ser de otro modo,  plantea el conflicto en Oriente Medio como  disputa entre dos esferas culturales que Occidente ha proyectado intoxicando o desinformando en muchas ocasiones, desde una visión paternalista.

La estructura de la obra es lineal y episódica en función a la aparición de los personajes en escena con un tratamiento temporal elíptico enfocado a distinguir la evolución psicológica de los personajes, que aparecerán sucesivamente sobre el escenario, el primero de ellos  el vitalista montañero Rober (Fran Cantos), el preso más veterano y por ello el maestro de ceremonia, seguido del  novelista Ismail (Álvaro Lavín), afgano criado en EE UU que nos ofrece una visión ecuánime del conflicto,  y finalmente la directora de seguridad de la ONU Anik (Elvira Cuadrupani) custodiados por la afgana y guerrillera Anik (Inés Sánchez), una carcelera que paradójicamente vive presa como mujer y como víctima de la guerra y que introducirá el tema de la desinformación (la información es un arma y vosotros estáis desarmados replica en una escena)  desestabilizando a sus prisioneros y en particular a la directora Anik, con la que se hermana en un hermoso abrazo, uniendo sus dramas.


La escenografía sobria y claustrofóbica apoyada por video y sonido acierta a trasladarnos este oscuro drama político y existencial montado por Meridional producciones, donde  unos personajes empozados en su propio dolor luchan por su propia libertad desde ángulos diversos, lo que nos hace reflexionar sobre los límites reales de la cárcel, dónde empiezan y dónde terminan nuestros propios prejuicios, un espacio endiabladamente  cerrado en donde también nosotros nos encontramos presos, esclavos de una larga cadena.