miércoles, 25 de noviembre de 2009

El teatro de las vanidades




Mientras en Badajoz están a vueltas peleando contra la sentencia de destrucción del cubo de la Facultad de Biblioteconomía iniciada por los (así llamados) Amigos de Badajoz, que si bien tiraron la piedra una y otra vez, ahora esconden la mano, aquí en Zafra se ha erigido el palacio del teatro con gran pompa institucional, justo cuando hace dos semanas atrás en Cáceres se presentó un nuevo formato portátil de sede cultural patrocinada por Cáceres 2016 que nos hacía ver caduco ya el soporte físico y estable que supone un edificio. Frente al estatismo y solidez de los palacios, la arquitectura conceptual y la dinámica de lo efímero. Salen en la fotografía del periódico ufanos los responsables municipales zafrenses, ya están contentos con su juguete, les ha valido para halagar su vanidad. Cómo hacen funcionar ahora el invento, qué planes tienen es algo que ni les preocupa. Y cómo se mantiene, menos aún. Está bien cultivar el halago de la vanidad, pero no a costa de los demás en tracas al aire en estos tiempos tan difíciles. Cuánta razón tenía Jesús Alviz cuando decía que la peor de las crisis no es la económica.

Sinceramente sería preferible crear ahora una temporada teatral y una serie de actos culturales para dinamizar el edificio. La única manifestación escénica en Zafra es el Festival de Teatro cómico durante el verano, ahora podrían sumarse más iniciativas culturales al pairo del edificio y mantener una cierta expectación.


Y a todo esto aún no está bautizado el edificio. Ya puestos propongo el nombre de nuestra gloria local de la época neoclásica, el dramaturgo Vicente García de la Huerta, rigurosamente estudiado por Miguel Ángel Lama, igualmente zafrense y referente actual de la crítica artística en Extremadura, por si gustan consultar con él los correspondientes asesores del ayuntamiento.

Así está la vida. Mientras unos quieren destruir en Badajoz otros construyen en Zafra. Seamos siempre positivos, porque siempre es mucho más fácil destruir que construir… salvo para los políticos a quienes les da tanto una cosa como la otra, evidentemente.

domingo, 1 de noviembre de 2009

Cavilando sobre San Juan en el museo de Bellas Artes de Sevilla

La tradición caracteriza a San Juan durmiendo o cabeceando en las escenas de grupo para distinguirlo, sobre todo en las representaciones pictóricas de la Última Cena, concibiendo el sueño como una vía de acceso a otra realidad, por la cual fue capaz San Juan, pensamos, de escribir el Apocalipsis, tal vez la primera muestra de superrealismo (así, en su designación francesa de sur-realisme en el sentido de super-realidad), así también se interpreta en las culturas chamánicas, en donde también el sueño supone observatorio de la realidad, desde el cual se atribuye un punto de vista privilegiado, de ahí que se haya atribuido a San Juan Evangelista el águila como icono (o el náhualt, su desdoble en el reino animal), cuyo tópico no sólo es su mirada afilada y precisa sino también observadora excelsa de la realidad desde la altura impoluta y sagrada reservada a los dioses y a los visionarios a lo largo de la historia.