lunes, 26 de abril de 2010

La hospedería encantada

Disimulado en el agreste pueblecito de La Parra (al noroeste de la provincia Badajoz) se encuentra su  hospedería instalada sobre un  convento medieval que conserva su sacral entraña misteriosa donde late el silencio. El recoleto claustro es concreto, espeso y luminoso en la lumbrarada solar que hace reír a la fuente. Ángulos sugerentes arropan la visión para la meditación errática frondosa de aire mudéjar.

martes, 20 de abril de 2010

La biblioteca maldita

Tal la jerarquía celeste, también yo dispongo de mi purgatorio particular de libros: la biblioteca maldita, a la que destino todos aquellos libros aburridos que no merecen estar ocupando espacio en las estanterías de casa. De cuando en cuando exploro aquella espesa vegetación de arrabal, trapería libresca, ya que en ocasiones (cada vez más) encuentro algún libro insigne, digno de rescate. Hace años utilizaba este desván como sala de lectura de verano por lo que sí, no es insólito hallar tales obras eximias, que, con el tiempo, han quedado sedimentadas y cubiertas por esa otra capa de publicaciones anodinas de un tiempo más reciente, asomando a nuestros ojos como fósiles de un mundo perdido.


Últimamente paso los días condenando libros a la biblioteca maldita, debido a la presión bibliográfica que sufro en casa, pero el criterio para ello no es sólo el aburrimiento que me causan ciertos cartapacios y librotes, sino el desuso en que se encuentran. No es lo mismo, pero tanto va una cosa con la otra. Ahora todos los mamotretos duermen ese su sueño insípido en la biblioteca maldita a la espera de ser tomados en cuenta de nuevo girando el tiempo a expensas de una fortuna literaria siempre caprichosa.

jueves, 8 de abril de 2010

Estación Plasencia

Hemos apurado Julián Pérez y yo la noche tras llegar a Plasencia y hemos trasnochado en su casa en donde he tenido el honor de ser invitado. Me gustan estas tenues conversaciones de madrugada con un amigo confidente como él. Se ve la realidad desde la azotea del pensamiento, mucho más nítida y global, y, pese a las tinieblas  (o precisamente por eso mismo) la realidad se ofrece más luminosa, alborozada por resucitar de sus cenizas en la lustral aurora.



Tras despedirme de mi amigo he paseado por la ciudad y aprovechando que el tren no salía hasta mediodía, he ido a ver a Juan Ramón Santos a su oficina del ayuntamiento, quien me ha hablado de la novela en la que está ahora trabajando, Biblia apócrifa de Aracia, y hemos comentado sobre el maltrecho estado que ahora está pasando el mundo de la edición en España.


Todavía me ha dado tiempo a visitar la exposición del amigo Andrés Talavero1000 olas, obra conceptual como la gran mayoría de las suyas, que se sirve de la instalación para reflexionar sobre el tiempo y los condicionamientos de nuestra mirada en este espacio aparentemente monocromo pero lleno de matices y veladuras tras sutiles arabescos.

miércoles, 7 de abril de 2010

Hoyos Performance Casilda

Puntual se ha presentado Julián Pérez en la sala de profesores del instituto de Moraleja en donde habíamos quedado, finalizando su jornada, de ahí hemos marchado a comer a Hoyos, porque a media tarde daría inicio la performance que nuestra amiga Casilda Pérez iba a ofrecer, además de una exposición de sus dibujos e ilustraciones.




Hemos dilatado la sobremesa en el restaurante de sabrosa cocina fusión y luego hemos recorrido Hoyos bajo el efluvio de la leña quemada y el picón, que, al decir de Julián es enseña de este pueblo, e infunde a las sábanas el aroma montaraz y varonil que asegura ese sueño confortador y cálido de la serranía.

Vagamente acuden imágenes y sensaciones al hilo de sus recoletas calles, a lo largo del paseo de sus calles hoy risueñas hasta desembocar en la plazoleta de la robusta iglesia, cuyo graderío evoca conciliábulo de juglares en la tarde legendaria, a la sombra del árbol milenario que resguarda todo el enclave.


La expectación creada por Casilda es mucha, para nosotros un hecho revelador el ver lleno el espacio, celebrado en el Instituto de Hoyos arropado por un fuerte aroma de incienso. Nos ha dicho que es un alegato en favor de la dignidad de la mujer contra la violencia machista.

La performance da inicio.

Hay un corro de doce sillas en donde los actores vestidos de negro que entran en escena se van sentando en torno a un paño negro con diversos objetos: incensario, pañuelos negros, nueces, rosa y cuchillo. Queda una silla vacía del corro.

Uno de los actores sentado golpea con una baqueta un bloque de madera en su base y en sus lados alternativa y rítmicamente, con lo que crea dos sonidos diferentes: grave y agudo.

Casilda (vestida de negro) entra lentamente en escena y toma del centro los pañuelos repartiéndolos entre los actores que se van vendando los ojos.

Acto seguido Casilda toma ahora las nueces y las reparte entre los actores que tras unos segundos las lanzan al centro desde sus sillas.


El actor de la baqueta golpea con mayor fuerza la base del bloque de madera que sus lados, que suenan con menor fuerza, y lo repite a lo largo de algunas acciones.

De nuevo Casilda va a al centro y toma la rosa roja que la frota deleitosamente ante las narices de los actores, que sólo por un instante pueden olerla, ya que de inmediato les aparta la flor.

Casilda deshoja en el centro la rosa y toma el cuchillo que va arrastrando por el suelo con su sonido metálico escalofriante rodeando las sillas de los actores por dentro y por fuera del corro siguiendo el sentido de las agujas del reloj, para después cesar la acción depositando el cuchillo en el centro del corro junto a los otros objetos.

Lentamente los actores se desprenden ellos mismos de las vendas en los ojos y miran al centro donde se encuentran todos los objetos y la flor deshojada, elementos que ellos ahora pueden ver, resultado de su acción ciega.

El actor deja de golpear el bloque de madera. Silencio. Fin de la performance.



Casilda se encuentra cómoda en el lenguaje ritual y simbólico de la performance, ha estudiado bien el código y lo muestra. El tiempo se encuentra desdoblado interior y exteriormente. Interiormente se muestra intensificado a través de los golpes de baqueta en dos tonos, grave y agudo simbolizando el hombre y la mujer respectivamente sobre la que el hombre pretende ejercer su predominio, de ahí la fuerza de los sonidos graves en detrimento de los agudos en un momento dado de la performance. Es el tiempo interior que queda encarnado en el círculo o corro en cuyo centro está el corazón o el alma de las personas, con todos sus recursos posibles. Igualmente la forma circular alude a un tiempo real en donde el tiempo físico va pasando (el corro alude al reloj: hay doce actores, sólo uno de ellos hombre, exceptuando al actor de la baqueta), los actores sienten determinadas acciones pero sus vendas les impiden verlas, les ciega su orgullo y sólo al final se dan cuenta del resultado que ellos han provocado indirectamente, contemplando desolados un paisaje en ruinas.

Entre los actores nuestro amigo Manuel Rubet, apacible filósofo  (andaluz pese a su apellido catalán), con el que hemos podido cambiar algunas impresiones. Aunque el sentido de la performance es clara, unos y otros hemos extraído emociones en diversos matices.

La performance referida ha tenido como marco ambiente las propias pinturas de Casilda, licenciada en Bellas Artes por la Universidad Autónoma de Madrid. Obra gráfica a color, técnica preferida de Casilda que colecciona cajas y cajas de lápices para una pintora como ella ilusionada en tener un festival cromático a mano en una experiencia orgánica con el color. Sin embargo esta muestra destaca por su sobriedad, destacando sólo tres colores: rojo, negro y azul, una tríada que sintoniza con la composición ternaria que se repite en sus dibujos, tal vez para insistir en la inestabilidad y el movimiento que parece irradiar, muy en consonancia con la pigmentación usada, esa tonalidad vaga y nebulosa del lápiz que apunta hacia una realidad lírica.

Casilda ha tenido tiempo para nosotros, Manuel, Julián y yo y hemos seguido disfrutando de la conversación y de nuestra amistad en un mesón en un día perezoso a vuelta de vacaciones, ideal para recobrar la luz con obras como la de Casilda.

sábado, 3 de abril de 2010

Badajoz fin de fiesta en la Alcazaba

Antes de reintegrarme a la circulación diaria estoy descansando en Badajoz, en donde he acabado de ver las respectivas procesiones del jueves (la patrona de Badajoz, la virgen de la Soledad) y la del viernes. La guardia real dieciochesca con sus sombreros de tres picos, sus casacas y sus fusiles con la bayoneta calada haciendo custodia del Cristo pone una nota goyesca a la procesión, seguramente reminiscencia de la capitanía general que hasta hace poco hubo en la ciudad. La Virgen va custodiada por legionarios que maniobran con el cetme, arrogantes y marciales.


He tenido la oportunidad de visitar el mercadillo que todos los primeros sábados de mes se instala en la Plaza Alta de Badajoz, escueto y pinturero, mercado de frontera en donde, al igual que en todo Badajoz, se pueden oír voces portuguesas mezcladas a las españolas.



Me retiro a pasear por los jardines de la Alcazaba, un espacio íntimo y estimulante, joya y recreo de la dinastía aftasí , cuyos restos muestran el esplendor al que llegó este reino taifa en donde florecieron las artes durante su efímero gobierno del que al comenzar el siglo XII sólo quedaban cenizas. Los pasadizos inquietantes son una premonición que se apresta a formularnos sus arcos de herradura, poniendo la interrogación de un arcano aún no desvelado.

viernes, 2 de abril de 2010

Interludio en Valladolid

Al salir de Burgos he pasado revista al Cid Campeador y su cuadrilla, despidiéndome de ellos. Aunque no sé si realmente sería esta tropa la que me hacía pasillo de honor, desfilando yo ante ellos marcialmente.


Como compañera de viaje he encontrado a Amandine, lectora de francés en un instituto de Huesca y que, como yo, viaja siguiendo ruta castellana. Su ciudad, Limoge y su estancia en Aragón (en donde se siente muy cómoda), supongo le hacen más familiar todo este arte y la cultura del camino de Santiago que a mí, como meridional, me resulta novedoso y fascinante, en menor medida le resulta atractiva la cocina de estas tierras, ya que, según me contó, no ha probado morcilla ni cordero. Ella continúa para Salamanca y yo me quedo en Valladolid en donde me espera mi amigo Eduardo Fraile, encontrándole vital y dinámico, diáfano y cordial como siempre, con nuevos proyectos iniciados en su labor de editor, que seguramente fructifiquen a poco.

Eduardo me da la gran satisfacción de regalarme dedicado su último poemario Balada de las golondrinas recién publicado en Pretextos, bello librito leve y alado en donde hace un recorrido de su armónica vivencia con las golondrinas, aristócratas del aire, en un tono cálido alimentado por espesura de tiempo y cariño.

Valladolid en Semana Santa se encuentra más convulsa que en otras fechas, animada de luces y de sonidos pero sin dejar nunca de perder esa su distinguida elegancia, en donde púrpura y estameña, academia y taberna, se funden armoniosa y castizamente.