jueves, 24 de marzo de 2011

Ejercicio de fetichismo poético

Acabo de ver Poemas metálicos, mi primer poemario (que tiene por portada un excelente grabado de Amalia Manso fundido en negro) junto al de otros insignes colegas y paisanos expuesto en una vitrina del nuevo museo de las ciencias y humanidades que se ha fundado en Zafra, me he regodeado íntimamente de pasearme anónimo entre la encargada de sala, y los demás visitantes  que no saben de mí y apenas me han  leído (ni falta que les hace), pero de repente me he sentido una antigualla,  al pensar que han escogido aquel mi libro, Poemas metálicos, como una muestra de la poesía del siglo XX, en una  edición envejecida  que merecería estar en un anticuario, qué otra cosa es un museo sino un almacén de cachivaches inservibles, víctimas involuntarias del fetichismo cultural. Ahí parece que se ha quedado la poesía contemporánea, un puñado de versos para mirarse el ombligo sin ser visto.