domingo, 1 de enero de 2012

Todavía está todo todavía

Le he tomado prestado el título que da pie a estas letras al siempre vibrante y lúcido poeta extremeño Manuel Pacheco (1920-1998) de un poemario suyo publicado en 1960. Me despido del año saludando el nuevo que alborea en el horizonte releyendo sus versos, que son siempre una lección de vida. Una vida humilde la que él vivió, siempre amenazada por la pobreza y la falta de expectativas en un entorno muy duro y hostil, incluso estéticamente, ya que con su verso bronco levantó la susceptibilidad cursi de gran parte de los prebostes literarios y políticos, anestesiados en sus cuentos de hadas. Sus versos sorprendentes hilando metáforas luminosas en sinfónico lenguaje de claridades amasaba el lodo para convertirlo en oro, siguiendo la máxima artística de Baudelaire. 



Con su obra Todavía está todo todavía  Pacheco alude a una realidad oprimida por todo tipo de tiranías pero también encuentro una nota de esperanza en la lectura de una sociedad en tránsito que debe liberarse de la injusticia, desprenderse del oprobio a través del enfoque crítico y sincero que es nuestra palabra, la de todos nosotros, responsables de nuestra propia libertad, para crear un nuevo mundo que está cada vez más cerca. La voz de Manuel Pacheco, profundamente humana y dolorosa, pero tambíén profundamente alentada en el hombre, nos acompaña y ayuda en el camino, porque, como él mismo escribió,

HAY QUE HACERLO ESPERANZA

La esperanza no es un simple regalo
que nos viene de arriba.

La esperanza se conquista cada día
en la difícil lucha
frente a la carga de la vida,
frente a las desigualdades
que ahogan la espiga del mañana.

Al hombre, niño y barro de esperanza,
hay que decirle que camine,
que luche, que se haga.

Sabemos que la vida es una carga
y el sudor los camellos
que ayudan a llevarla.

Hay que decirle al hombre
que camine, que luche,
que se haga.

Si el niño nace barro,
hay que hacerlo esperanza.

Y hay butacas manchadas de espaldas
que no se doblan nunca.
Y se pudren de digestiones anchas.

Noches de tinta china cayendo en las ciudades
y tronchando el emblema de la espiga
horizontes de bala.