martes, 26 de febrero de 2013

La estética de habitar las ideas





Siempre me ha acompañado en mi vida como paradigma de la suprema elegancia esta imagen de la galería exterior del castillo de los duques de Feria en Zafra coqueto mirador entre las severas torres.

He ido creciendo agavillando vivencias asociadas a esta imagen protagonista de tantas puestas de sol, alboradas o fenómenos celestes completamente irreales, protagonista en fin de una realidad onírica que danza en los rincones de mi memoria.


Soportando el mudo hieratismo de esta galería a través de tantos años (pues así es la belleza en su perfección: fría e inhumana), deleitándome siempre en su serena gallardía, intemporal y aristocrática, he ido enriqueciéndola de matices y de divagaciones, soñando aventuras galantes bajo sus esbeltos arcos acampanados.
Si alguien me preguntase qué es lo sublime, le respondería con esta imagen. El arte como expresión de la inmanencia en el tiempo tiene en la forma arquitectónica una de sus más soberbias expresiones, materializando ideas que, sobrepasando épocas y fronteras, se hacen formas eternas del puro ideal.

viernes, 22 de febrero de 2013

La estrategia del cortafuego


El agua siempre vence a la roca porque es inmóvil, pero el agua no siempre vence al fuego.

Cuando eso ocurre es mejor atacar al fuego desde su mismo poder. El fuego en su vanidad se engañará a sí mismo y se autodestruirá.

Es la mejor estrategia para eliminarlo.

martes, 12 de febrero de 2013

Las musas borran la historia en su reinado

Los libros son nuestros mejores confidentes. Los escogemos en algún momento de nuestra vida y se quedan ya por siempre como fieles compañeros de viaje, haciéndose testigos y portavoces de nuestros sueños, que se despliegan ante nosotros como una rara flor cuando se abre el libro, marcapáginas sentimental que desvela el sendero de nuestra vida.


Mi libro de cabecera es una cuidada y pulcra edición francesa  (Editions du Seuil, París, 1968)
de las obras completas de Baudelaire, mi primer maestro, mago de la palabra en su deslumbrador hechizo sideral, oráculo permanente en mis desvelos y cofre de exquisita fragancia.



Me ha acompañado desde siempre por pensiones de estudiante, aeropuertos, pisos de alquiler, hoteles, y casas diversas durante media vida, de ciudad en ciudad y siempre lo he conservado (sobrellevando diversos avatares sobre su piel) en calidad de arca de la alianza.

No es de extrañar así que diga muchas cosas de mí este tomo de Baudelaire para mí reverenciado. Entre sus páginas afloran dibujos y fotos diversas. Es un pequeño vademécum personal y emocional en el que incluso (el mismo Baudelaire debe regodearse en el Parnaso al sentirse anfitrión) silente e implícita ha ido experimentando o soportando la acción de sucesivos amores en el tiempo que, cual sedimentos repulsivos entre sí (agua y aceite) se han ido dedicando en quitar la foto de la musa anterior para poner la de ellas mismas, al establecer su dominio, relevándose las unas a las otras, como poniendo su peculiar pica en Flandes en la tierra quemada del amor, en estas páginas del libro. El último amor se retiró quitando su foto y por el momento no hay ninguna otra ya.

Bueno, sí.

Todas las musas han respetado una imagen muy querida: sin duda porque no suscitó encono o rivalidad alguna entre ellas. En esa foto estamos mi prima Isabel y yo en los Campos Elíseos (París, verano del 93).

Era de justicia respetarla (y así lo entendieron aquellas musas airadas) no ya por lo que significa para mí sino porque ella, mi prima, es a quien debo el abrirme definitivamente los ojos a la belleza, haciéndome fervoroso seguidor del Arte por siempre.

Ella fue quien me regaló (hace más de media vida, que se ha convertido en mi vida toda) el libro de Baudelaire.

domingo, 3 de febrero de 2013

El secreto de la piedra resbaliza



La piedra resbaliza es una de las leyendas más misteriosas de toda la comarca de Zafra.

Extraño monolito pulido con forma de lengua de piedra o tobogán, situado a la vera de un minúsculo arroyo del que en la noche salen ninfas a esparcirse por aquel extraño paraje entre jaras y almendros, durante siglos los paisanos del lugar han acudido en festiva romería a la piedra resbaliza, tobogán natural por el que generaciones de gentes de toda condición se han deslizad, dejándola suave y resbaladiza, cualidad de donde (en el lenguaje del lugar).esta roca toma su castizo nombre.

Recuerdo como en sueños su existencia al haberla visitado junto a mis primos en bullanguera pandilla durante mi más tierna infancia. No es fácil dar con ella sin antes haber consultado diversos testimonios de los más veteranos, fieles al dato, pues los que entonces éramos niños (hoy ya sobradamente creciditos) ni nos acordamos.

De esta manera hemos salido en expedición al encuentro de la famosa piedra resbaliza mi tío Manuel y yo en la calmosa mañana del domingo soleado. Caminando a lo largo de caminos pedregosos y pistas de tierra, hemos ido dejando las últimas casas de la ciudad, pasando junto a los bancales y caseríos del camino flanqueado por olivos y almendros en su alboreada floración, que lindaban con otro lugar de ensueño: el palomar de la marquesa, hoy altivo vigía presidiendo el horizonte en su flemático gesto.



Las coordenadas de mi tío habían sido acertadas y, tras caminar otro trecho más, hubimos de desviarnos del camino para adentrarnos por las asperezas de un cerro en cuya bajada y como resguardado providencialmente por un árbol enano de tronco negro (sin duda, sembrado en la travesura de los trasgos, para despistar a los caminantes), nos salió al encuentro la piedra resbaliza como tierra de promisión.

A su vera se encontraba el mismo arroyo del sueño que, subrepticio, manaba a su alrededor cubriendo de verde yerba sus alrededores, ofreciéndonos cálida bienvenida al roquedal donde destacaba en su soledad inmensa la piedra resbaliza, tras largos años de ausencia, sin recibir la gentil visita de las gentes del lugar, olvidada de todos.

Contemplamos en silencio la escena.


De repente vinieron irradiadas en fragancia bucólica las tardes de merienda infinitas de nuestra infancia en la amistad fraterna de las huertas y los limoneros, las aventuras y los sueños de toda una generación de gentes que embarraron sus zapatos acudiendo a jugar a la piedra resbaliza como si de un tótem se tratara.

Hoy sigue allí, preguntándonos con ese signo de interrogación hecho piedra, elipse intemporal preguntándonos a todos si seguimos recordándola como ella nos recuerda en su mineral conciencia, preguntándonos si nos ha tratado bien la vida después de todo este tiempo que nos ha estado esperando la visita.

Preguntándonos si el sueño que en otro tiempo nos animó a impulsar en su pulida superficie sigue teniendo hoy el mismo impulso que ayer para hacer fructificar en nuestros corazones toda la vida nueva, regenerándose en el tiempo, como si del mismo juego se tratara.

Pincha aquí para ver la Ruta de la piedra resbaliza en Wikiloc