sábado, 17 de mayo de 2014

Una tregua a la sombra de la Madreselva




San Isidro me permite una pequeña tregua de la frenética actividad iniciada hace poco  más de un mes para recapitular y reflexionar sobre  los hechos que han surgido desde la aparición,  a mediados de abril, de la versión en papel de Madreselva para la comarca de Zafra gracias a un equipo lleno de ilusión, coherencia y profesionalidad en cuyo departamento comercial se encuentra MaríaFermina Jiménez,  a la impresión los hombres de Rayego y dirigiendo y coordinando los esfuerzos de todos, junto al grupo de colaboradores entusiastas me encuentro yo mismo, sin olvidar jamás el patrocinio privado de las empresas de la zona que han confiado en nosotros.

María Fermina y yo estamos satisfechos también porque la Madreselva está recibiendo una acogida mayor de lo que nos esperábamos en un principio. Nuestra responsabilidad ahora es saber mantener esa confianza satisfaciendo las necesidades de todos nuestros lectores, patrocinadores y agentes culturales diversos que nos nutren de contenido.


Madreselva la presentamos el 23 (Día del libro) en la Biblioteca de Zafra, fecha y lugar ideales al carácter del evento propiciado por su directora Estrella Claver. Su impresor (con función además de editorialista habitual) Juan Tomás Rayego fue el padrino,  dedicándonos cariñosas palabras e incidiendo en la calidad fondo-forma de una revista que viene a llenar un espacio hasta ahora poco atendido, señalando por ende la función social e histórica de la imprenta en la evolución de una sociedad,  tras cuya intervención, yo mismo   como director-editor pasé  a exponer la iniciativa de Madreselva, en la que abordamos un proyecto cultural y solidario a través de una narrativa transmediática que creo esencial en el siglo XXI. 

Estamos contentos porque los hombres de Rayego (quienes también asumen el diseño en la versión impresa, especialmente Juan y Antonio)  han sabido interpretar estupendamente su espíritu, creando una gráfica depurada y plástica asociada a su diseño web.


La Madreselva es un organismo polivalente (como argumenté durante la presentación) que adopta los tres estados en los que la materia puede presentarse en la naturaleza: nació líquida en la web, ahora ha pasado al estado sólido y también se encuentra en estado gaseoso, dado que en la cadena de radio SER Zafra el periodista Carlos Delgado, en su informativo, nos ha concedido un microespacio a las 13’05 en directo para presentar contenidos cada 14. Ya llevamos dos: el pasado 23 de abril (para inaugurar) y este programa de mayo, correspondiente al número 2 que acaba de lanzarse con la imagen del convento de Santa Clara obra de Ángela Sayago Martínez.




Madreselva también asumirá diversos proyectos transversales y de esta manera ha pasado  a editar el boletín desplegable de poesía experimental Giroscopio (orbitando desde 2009), cuyo número 4 acaba de lanzarse en papel como suplemento  cultural (y en el digital, englobado en la web como una subsección de arte).

Pero la manifestación fundamental de esa narrativa transmediática es nuestra unión a los amigos de la Sala Guirigai (co-dirigida por la actriz MagdaGarcía-Arenal junto a su marido, el dramaturgo Agustín Iglesias), espacio de creación multidisciplinar en la que estamos creando diversos proyectos al alimón: la tertulia teatral reflejada en Las Crónicas  de Ulises, el pasado debate del 8 de mayo Europa, una cultura glocal  y tenemos previsto junto al poeta José Manuel Martín Portales el Solsticio poético a desarrollar del próximo 27 al 29 de junio, sin olvidar la sección artística que coordina  Jose Iglesias-García Arenal con tanto acierto.

El 15 de cada mes brota la Madreselva. El pasado 14 salió la de mayo y estamos preparando desde hace unos días el tercer número.

Pero tras San Isidro el fin de semana me permite una tregua que aprovecho para pasear largamente, releer en el jardín, conversar tranquilamente al caer el sol con mi prima Isabel María (otra de las personas fundamentales en el equipo de Madreselva) barajando nuevos proyectos y dejar que las horas discurran dulcemente,  sintiendo cómo el sumidero del tiempo las absorbe hacia la eternidad.  Qué descanso tan apacible y necesario.