miércoles, 4 de junio de 2008

Artísimas, el imaginario femenino






Cuando ya iba a salir de casa, Julián Pérez, después de unos días desaparecido, se hizo presente a través del teléfono como si tal cosa y, como leyéndome el pensamiento y la agenda, nos hemos encontrado al paso con el objetivo de ir al convento de San Francisco para asistir a la inauguración de Artísimas, una exposición conceptual sobre el imaginario cultural femenino interpretado desde varias autoras-divas, suponemos que (h)artísimas de tópicos: Áurea Muñoz, Koke Vega (para los amigos María José), Isabel León, Nanda Ruano, Teresa Cayetano y nuestra querida María Jesús Manzanares. El entorno muy atractivo, ha sabido combinar el espíritu del lugar con una estética industrial haciendo un espacio muy sugestivo.

Muestra interdisciplinar, se conjugaba la escultura, la pintura en diversos soportes y técnicas, la video-performance y la instalación o ambiente, este último género en la obra de María Jesús Manzanares, lenguaje en el que ella se desenvuelve con absoluta maestría. De ella es el lavabo con el armario ante el que nos contemplamos como un sedimento histórico, frente al túnel de muñecas desgarbadas y sombrías que penden del techo. Es de notar aquí la delicadeza de María Jesús sirviéndose en todo momento de sus propias muñecas para la realización de su obra, sin haber recurrido en ningún momento a destrozar ninguna muñeca de la colección de su hija Andrea (según me aclaró ella misma, la niña).

Hemos coincidido con Emilia Oliva, frenética de actividad editorial últimamente y con Emilio Antero, chispeante y profundo, y he tenido la oportunidad de conocer personalmente a Juan Luis Campos, pintor de raigambre surrealista y simbolista que recientemente ha expuesto sus paisajes (obra más tradicional) en la Galería La Tea de Plasencia, conocido en el mundillo literario por ilustrar los poemarios de José Antonio Cáceres, a quien envío saludos allá en Hervás.

Queda en el aire la próxima performance Tres mujeres en un pajar que realizarán Yolanda Pérez, Emilia Oliva y María Jesús, quien me firmó mi catálogo, muy discreta durante toda la tarde, se dignó muy hábilmente a resolver y sortear los vericuetos conceptuales en que la enredamos Julián y yo.
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