domingo, 20 de enero de 2008

La magia del tiempo recobrado en Cáceres

El mismo viernes tras acabar las clases he tomado el tren para Cáceres en donde he estado hasta el sábado en un día intenso y memorable que ha comenzado almorzando con Sebastián. Luego hemos visitado el museo Vostell en Malpartida, repasando las salas de esta colección tan sólida y atractiva. Ya de vuelta me ha mostrado su obra más reciente, agresiva y contudente con presencia de objetos tridimensionales.

Paseando luego por el centro de la ciudad nos hemos encontrado con Juanma Barrado quien me ha regalado un ejemplar (muy cordialmente)dedicado del catálogo de la muestra que a la sazón se expone en el Museo de las Veletas, tras lo cual hemos ido Sebastián y yo al Gran Teatro para ver la función de El hombre almohada, a cuyo término hemos quedado con Marga.

Radiante como siempre, me alegro de que siempre esté ahí y podamos contar el uno con el otro el presente. Nuestra amistad es muy larga en el tiempo pero, desgraciadamente, el espacio hace que no podamos vernos más a menudo. Aunque la siento cercana y eso me reconforta.

La mañana del sábado quedamos los tres para ir a ver la exposición de Juanma Barrado, pero Marga desiste por cansancio y quedamos Sebas y yo. Juanma expone poemas objeto en su mayor parte y unas serigrafías muy ingeniosas, de óptimo acabado. Coincidimos con nuestra amiga la pintora Matilde Granados, momentos después aparece en la sala Juan Rosco (cuya prima Mercedes Rosco expone en el Colegio de Aparejadores de Cáceres, una seriede pinturas op-art caleidoscópicas muy sugerentes), Juan nos ratifica su poética de lo coyuntural.

Matilde sella el día mostrándonos a Sebas y a mí su último cuaderno de dibujos y demás documentación (mayor complejidad compositiva, mayor textura gráfica y presencia del collage como consecuencia) mientras tomamos un café en el Parador y charlamos de la vida, bajo el efecto de la apacible mirada de Matilde.

Durante la espera del tren y durante todo el viaje de vuelta me tiñe un sentimiento agridulce al separarme de mis amigos. Y me siento muy triste pero también muy feliz por estar siempre ahí.

martes, 1 de enero de 2008

Cefalù y Agrigento

Cefalù es un encantador pueblo de pescadores que hoy es destino turìstico, con un extraordinario Duomo. Tiene el sabor de los pueblos de la costa portuguesa del Algarve. Las calles son estrechas y el paseo es cordial. He estado almorzando esplèndidamente en un restaurante con una galerìa acristalada junto a la playa, viendo las gaviotas, la làinea del mar que se confundìa con el cielo plomizo.

Asì he despedido el anho de una forma inolvidable.

Y he comenzado el 2008 visitando Agrigento, con tremendas pastelerìas por toda la ciudad provinciana y montuosa, por lo que existen varios planos de altura comunicados por sugestivos callejones flanqueados por casas ruinosas.

Como era el primer dìa del anho todo estaba cerrado, no habìa nadie para ayudar y las cosas no funcionaban, sensaciòn que se ha disipado al volver a las calles bullentes de vida, de las que se han retirado ya los chicos los petardos atronadores.