sábado, 24 de julio de 2010

Predestinación del verano

Había acabado de desayunar en el jardín y estaba leyendo tranquilamente respirando el aroma de la vegetación desperezada y salutífera con su emanación mineral cuando, prematuramente, apareció la inesperada señal, se había fatalmente manifestado vibrando en el aire como un augurio infernal. Era el inconfundible zumbido eléctrico de la cigarra, poniendo con su tórrido presagio una raya de estupor amarillento en la  mañana . La cigarra inquieta y plúmbea en su tediosa letanía, aguijón del verano mediterráneo que espolea nuestra conciencia con una oscura premonición, suspendiendo el instante en una monodia aplastante y agorera, como una maldición bíblica que asola estas tierras meridionales, haciendo de la cigarra un terrible heraldo negro que castiga sin justicia a esta pobre tierra calcinada de soles.
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