domingo, 25 de septiembre de 2011

Zamora humilde y laboriosa




Olmos ceñudos flanquean el soñoliento río abrumado de otoños:  el Duero se vuelve hacendoso y artesano a su paso por Zamora, molinero y menestral, invocando pastores y carreteros al rumor de su alba.

Las leyendas palpitan en las plazas y en los rincones de esta ciudad tan amada del romancero, en la que se advierten secuelas de su pasado rural: la cañada que hoy vertebra la ciudad y que forma un larguísimo espinazo, al modo de pasillo de una casa rústica de la que brotan arborescentes un colmenar de iglesias románicas de las que ahora sale abejeando la gente de la misa del domingo por la tarde. Zamora calmosa, detenida en el tiempo como su castillo desdentado, gravita en el aire grato aroma de churrasco frío que se hace símbolo de la sencilla, honda y franca hospitalidad de este pueblo sobre el que cae la tarde en una apoteosis inversa de horizontes, hechizo de la luz en apaciguado soñar de amaneceres.









jueves, 22 de septiembre de 2011

El Valladolid herreriano y castizo de Eduardo Fraile






Vibrantes las calles, se arraciman las gentes en las avenidas y hay un bullir constante de verbena y fiesta muy colorido vibrando en Valladolid. Allí me encuentro con Eduardo Fraile siempre amigo cordial y bonancible, infundido de la armonía y placidez del hombre que se vive a través del arte y la poesía como alimento necesario y vital.

Ha estrenado un poemario recientemente, Y de mí sé decir (Tasonville, Valladolid, 2011), donde evoca la infancia como paraíso perdido (habitual en él) ahora desde una visión telúrica y reflexiva nueva a través de unos poemas cotidianos de los que se extraen como perlas las metáforas y la música de las barriadas, una cadencia viva y menestral, que acompañan las ilustraciones naïfs de Bulgarcita confeccionadas en collage textil que acentúan el carácter elegíaco de los versos.

Eduardo me descubre otro nuevo horizonte invitándome a almorzar en el Mesón Taurino de la ciudad, de recia y varonil hospitalidad en su atmósfera, pero de suculenta cocina que degustamos en la terraza del local, rodeados de galerías acristaladas de casonas modernistas y las sazonadas coplas de las vecinas.





Visito la Casa Museo de José Zorrilla, algo escasa documentalmente, pese a exponerse ahora unos papeles inéditos de su escritorio. Esta es la casa del poeta romántico en donde se le apareció su abuela ya fallecida y que según se cuenta, todavía hoy vaga su fantasma por sus muros, muy a propósito en el entorno gótico de la ciudad.



En la tarde hago una visita voluntariamente obligatoria al Museo Herreriano en donde hay una muestra retrospectiva del Grupo Simancas (operativo en torno a los 70 y 80) muy vinculado a la literatura gracias a su sentido funcional de la disciplina artística según la cual, Domingo Criado y sobre todo Francisco Sabadell realizan preciosos grabados y ediciones que constituyen libros-objeto junto a Justo Alejo, por ejemplo, puntal de la poesía experimental castellana junto a Francisco Pino, con quien también trabajaría aquel artista. Una mentalidad que me ha recordado el espíritu del grupo Artesa de Burgos, comandado por el amigo Antonio L. Bouza, también durante aquellos años.



Alimentado de poesía, arte y encanto de un Valladolid azul,   castizo y herreriano me retiro siguiendo el paseo mesetario que en mí ya es salutífero hábito al reencuentro de tan buenos amigos y al hallazgo de tan buenos manjares terrenales, mitos y leyendas sustanciado todo en el exquisito vino de estos pagos.





miércoles, 21 de septiembre de 2011

Vuelo JK5629 destino Madrid

Se ha terminado la aventura y hay que volver a la península. Ronda cordial de despedidas y salida desde el aeropuerto de Palma rumbo a Madrid. La isla se deja ver en la altura como una ecuación resuelta, un escenario que se va resumiendo visualmente a medida que el avión toma altura, ofreciéndose familiar y concreta. Ahí en esta isla entrañable se queda palpitando un trozo de mi vida.

Aterrizaje en Madrid fundido en un crepúsculo menestral y cotidiano. Recónditas tabernas donde cenar tranquilamente y reponer fuerzas para pasear castizamente durante toda esta mañana, sin prisas, despreocupada y reposadamente, , aspirando a pleno pulmón el colosalismo de la calle de Alcalá o el de la Gran Vía madrileña, tan sonriente y luminosa, con la sensación de estrenar el dilatado horizonte sin fronteras de Madrid, donde se cruzan todos los caminos.


domingo, 18 de septiembre de 2011

Preludio otoñal

Hay en la atmósfera una premonición dulcemente embriagadora. El mar es una nebulosa de plomo donde se une con el horizonte en el ocaso triste. El anochecer ha traído las primeras lluvias desflecadas del verano, augurando el otoño, noto una incierta amargura al tener que abandonar la isla y la naturaleza sintoniza conmigo en el ulular del viento y en esa llovizna inveterada, sempiterna, de septiembre, barriendo nuestra propia conciencia.

Se acaba la temporada, no queda nadie y el Villasol es hoy un hotel fantasma cuyo único habitante soy yo. Desganado, recorro los pasillos donde resuenan mis pasos como un castigo indefinido. Rumio mi propia soledad, dura y concisa en este hotel sin más rumor que los sonidos de mi vida, un hotel fantasma abierto solo para mí.

sábado, 10 de septiembre de 2011

La confitería ilustrada

Fundada en 1700, C'an Joan de S'aigó es la confitería ilustrada de Palma de Mallorca que sigue ofreciendo su encanto provinciano (íntimo y dulce) al viajero que se adentre en el laberinto de callejuelas populares de la ciudad vieja , envuelto en aromas cálidos de bizcochos, horchatas y chocolate, es la imagen exquisita y burguesa de una sociedad extinguida.


viernes, 2 de septiembre de 2011

Leyenda y romanticismo en la sierra de la Tramuntana

Enclaustrada en la sierra de Tramuntana se abre un pueblito de rancio sabor montañés, Valldemosa, célebre por su cartuja adonde peregrinó Frederic Chopin y Rubén Darío. Pueblo sencillo y pulcro, Valdemosa recuerda el encanto crepuscular de Bérgamo y la estética gótico-medieval de Gerona