sábado, 24 de diciembre de 2011

Nebuloso crepúsculo de invierno

Sesteo en mullido butacón en la tarde de nochebuena envuelto en la penumbra de mi alcoba. Fuera cae lenta la tarde en la sinfonía de los pajarillos, evocando una estampa desvaída de tiempo, un horizonte intemporal que sumergido en mi estatismo me recuerda con claridad la idea del olvido, ese mismo concepto que tenía cuando, de niño, observaba las estancias oscuras en cada nochebuena como la misma tarde de hoy desde hace tantos años ya,  aterrándome la frialdad de la sensación. Hoy soy yo mismo el que habita el pensamiento de aquel niño que fui. Sí, esta alcoba en el ocaso frío de invierno es el olvido, pero no se está tan mal como piensas, mi niño.  Todavía mantengo la dignidad de ser. Todavía.