domingo, 9 de septiembre de 2012

Estética y mística del vino según Joan Benássar. Una mañana en Es Baluard




Hay una zona cosmopolita donde late la inmediatez y la urgencia a lo largo del paseo que flanquea la Riera de Palma: es el Passeig Mallorca, cuyo fin parece un distribuidor que ramifica a varias zonas de la ciudad, en él convergen principalmente el Paseo Marítimo, y la Plaça de la Porta de Santa Catalina, de donde parten un dédalo de callejas hacia la Rambla (que se dirige al centro de la ciudad) con un gran ambiente en donde abundan diversas y sofisticadas galerías de arte.

Esta profusión de energía creativa no nace de la nada, sino que la irradia el museo de arte contemporáneo que se encuentra en la Plaça, aprovechando un trozo de la antigua muralla de Palma, de ahí precisamente su nombre: Es Baluard (el Baluarte), un pequeño fortín (con su aljibe seco como espacio expositivo también) empleado como museo, no está mal la asociación de ideas, aunque no sea la realidad, porque el arte está vivo y forma parte de la vida. No debe ser un mausoleo sino un espacio dialéctico en donde todo mensaje está ungido de actualidad y participa en su formación.








El diálogo constante en el tiempo es el propósito de este museo de Palma. Su vetusta piel, la pesada trabazón arquitectónica de su esqueleto armoniza con las palmeras y con las formas minimalistas que habitan su espacio suavizando la severidad militar de sus bloques de sillares. Artistas clásicos y modernos conversan en sus muros con el espacio permanente para el maestro Miró y otros clásicos.



Es Baluard, en su propósito de trasponer tiempos y estéticas dinamizando la comunicación, recoge en sus muros una exposición monográfica de Joan Benássar : El vi que bec té gust de mar (El vino que bebo tiene sabor a mar), el conocido artista es de Pollença, dato no baladí por cuanto el aire greco-latino de este pueblito a orillas de la península de Formentor condiciona e impulsa de manera muy coherente el entorno clasicista y legendario que transmite en esta exposición, monográfica acerca de las influencias e interacciones del pueblo mediterráneo y el vino, un extenso y complejo panorama visto a través de diversos mitos, motivos y estéticas a lo largo de toda nuestra historia occidental, revisada y actualizada desde la mirada de un artista actual.

Benassar infunde bastante coherencia a esta muestra que, plásticamente, se destaca por el seguimiento compositivo de motivos y composiciones de la antigüedad sobre todo helénica en pinturas y cerámicas (la sanguina o el bermellón propio en la cerámica griega y micénica, por ejemplo) y destacable por ende en su austeridad cromática con que resalta y dramatiza temas y personajes en un trazo expresionista que persigue la esencialidad de la forma, (casi siempre retratos y estampas de frontal), irradiando así el vitalismo pagano y primitivo que persiguiera Picasso o Matisse, dos clásicos que seguramente Benássar tendría en su mente junto a otros al realizar su serie. Hay rasgos de culturalismo, ciertamente, pero esta serie incide sobre la proyección de ese mensaje mítico, sobre el dinamismo y la vida pues así es el vino, elemento sagrado en cuanto dador de vida.






Estas pinturas soportan y conducen el texto del catálogo, escrito por Antoni M. Planas i Sanjosé, una exposición cuyo subtítulo: Breu historia de la vinicultura a la Mediterrània, plantea el hilo conductor de las pinturas, un ensayo sobre el particular donde las islas Baleares tienen mucho que decir dado su particular emplazamiento, antaño emporio comercial de la antigua Roma en la colonia de Pollentia desde donde hoy un artista de aquella misma tierra, Bennásar, brinda en sus pinturas un cálido homenaje a aquella cultura del vino, nuestra cultura, pues herederos somos de Roma, una forma de vida y una mentalidad que nos ha ido moldeando a través del tiempo (sé cuántas fatigas son necesarias/  sobre la colina en llamas/ para darme la vida, cantaba Baudelaire) una dimensión en donde el vino, como río aglutinante y lúcido de todas las culturas de nuestro entorno, vuelca en nuestra conciencia siempre ávida el conocimiento de nuevos horizontes tornasolados en su vivo resplandor bermejo.

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