domingo, 17 de marzo de 2013

José Antonio Zambrano se deja la lluvia en Zafra


Hacía alrededor de una década que no escuchaba recitar los poemas de José Antonio Zambrano en su propia voz honda, entrañable, de sinuosa cadencia deslizando el verso.


Foto: José María Lama

El pasado sábado, gracias a Luciano Feria en nombre del Colectivo Manuel Peláez, nos reunió a un grupo de escritores amigos en el Dropo (mesón-café vanguardista de Zafra) para ofrecernos su nuevo poemario (en riguroso inédito) Lo que dejó la lluvia, tras cuatro años de gestación tras su anterior libro, Apócrifos de marzo, entre cuyos títulos se da una ligazón muy natural, ya que luego de los idus de marzo llegan las lluvias de abril, de acuerdo al saber popular.

Nos hemos situado en la terraza del Dropo, horizonte de sol y blancor desde el que se contempla toda la zona central de la ciudad en su perspectiva volada de tejados, flanqueada de iglesias y conventos como viejas damas en el discreteo de los siglos.

Van llegando los amigos a la terraza del mesón, y así, departo con José María Lama (organizador del acto en relación al Colectivo M. Peláez) y Juan García (el latinista), luego vienen Benito Estrella y Luciano Feria. Desde Cáceres se presenta nuestro buen amigo y maestro Miguel Ángel Lama. Y estrenando la mañana se ha levantado hace sólo un rato Rafael García, el coordinador del Seminario Humanístico, y su colega José Carlos Martínez Yuste ...La sala se va llenando de amigos en alegre abejeo de conversaciones.



Aparece finalmente nuestro poeta.

El tiempo no parece pasar por la figura de José Antonio Zambrano, fontanés afincado en Almendralejo desde toda la vida. Llega con el aspecto venerable que le depara su blanca melena eterna, ponderando siempre sus ojos la distancia del arco iris como para ponerse en camino, homérico guardián de un secreto que sólo él puede oficiar.



José Antonio va desgranando sus poemas con la ceremonia del agua en una densa atmósfera poética que revela lenta y sabia digestión de vida y arte en este su nuevo cuaderno Lo que dejó la lluvia, lenguaje depurado y sencillo, trenzando metáforas de emociones sensoriales y sonoras desde la desnudez. Una poética que el tiempo ha ido quintaesenciando desde lo barroquizante y metadiscursivo de sus primeros textos, allá por fines de los 70.

Frente al hermetismo de sus primeros textos se ido acercando hacia la claridad de hoy. Esta claridad de Zambrano es muy orgánica destilando cierta nostalgia dulce al modo de Verlaine (aunque él lo haya definido como aire vivencial sin más) y en otras ocasiones tiene una dimensión metadiscursiva próxima al misticismo sin olvidar el erotismo hondo y nuclear que reverberan sus versos.

Tras la lectura, abriendo horizontes, nos transladamos hacia otro importante foro artístico y gastronómico de Zafra, el bodegón-gourmet La Marquesa. José María Lama nos comenta las particularidades de este lugar, desde cuya terraza se distingue gran parte de la ciudad, refrescando la memoria infantil de su hermano Miguel Ángel.

Goteando las salidas debido a diversos compromisos, quedamos junto a José Antonio, unos cuantos amigos como facción de la resistencia (Benito Estrella, Luciano Feria, el filósofo José Manuel Panea y yo). Decidimos entonces comer todos y libar el amable vino que nuestro amigo poeta nos había aconsejado, al tiempo que disfrutamos de sus anécdotas, que él mismo nos iba sirviendo sobre otros amigos y personas del mundo artístico ausentes o que ya nos dejaron, como es el caso de Jesús Delgado Valhondo o Juan María Robles Febré, y en el que hubo lugar también para su compañero de letras, mi tío Francisco Hernández, señor de Coto Culebras, en El Raposo (y antiprologuista de Poemas metálicos).



Y de esta manera, desliando conversaciones y confidencias, prolongando entre cafés y copas la amistad, dilatamos la tarde hasta que José Antonio Zambrano regresó a Almendralejo.

Habíamos saboreado intensamente el día y volvíamos a casa con la satisfacción y el honor de haber sido escogidos (y reconocidos) por nuestro amigo como padrinos en el bautizo de su nueva criatura poética.

Esperemos que José Antonio no se venda muy caro y vuelva pronto. Sabe que en Zafra tendrá siempre casa y tertulia.

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