domingo, 30 de marzo de 2014

Gonzalo Hidalgo, tertulia y conversación con Dulce




 
Apuro un fin de semana lleno de amistad y literatura con mi querido Gonzalo Hidalgo Bayal, que se ha acercado por  Zafra a recoger el IX premio bienal de narrativa Dulce Chacón por su volumen de relatos Conversación (Tusquets, Barcelona, 2011), y sobre el que yo mismo aposté en su día haciendo cumplida reseña en Madreselva.

Gonzalo es un escritor de estilo minucioso lleno de juegos especulares y desdoblamientos entre apariencia y realidad en un compás siempre binario y disémico replanteándose los confines de la realidad en una armónica dialéctica de contrarios. 

Ninguno de los dos hubiésemos llegado jamás a imaginar cuando nos conocimos hace unos diez años en el instituto Valle del Jerte de Plasencia (donde coincidí con él) que nos volveríamos a ver un día compartiendo mesa en un coloquio sobre su obra, como así ha sucedido el pasado sábado donde presenté su obra junto al eterno lector empedernido Tomás Vázquez (Klimt) ante un grupo fiel de lectores, en acto previo a la entrega del premio tan justamente merecido y que tras nueve ediciones recae por vez primera sobre un autor extremeño.  

Gonzalo vino a Zafra la tarde del viernes junto a su mujer María José, elegante dama extremeña de cordial conversación, con quienes  compartimos unas horas de tertulia en el café del Parador  junto al referido Tomás Vázquez , la directora de la biblioteca  Estrella Claver,  el uomo politico Alejandro Nogales y la concejala de  cultura de Zafra Manuela Llera.

Siempre discreto con las apreciaciones de sus lectores, envuelto en prudente recato, Gonzalo jamás ha rebatido en firme ninguna valoración acerca de su obra ni a favor ni en contra y esto hace que sus escritos graviten en la indeterminación de la crítica siempre laudatoria a la espera de concretar intuiciones que Gonzalo admite siempre y con las que (por qué no) se encuentra cómodo admitiendo  esa vasta pluralidad de sentidos que su obra irradia.



Todo lo anterior queda dicho para constatar una vez más que por muchas horas de tertulia que se sostengan, Gonzalo siempre tendrá un gesto condescendiente para todos nosotros que validará nuestros argumentos, consciente de la realidad abierta y compartida de la literatura.
Mientras iba y venía, Gonzalo Hidalgo ya tiene otra obra en la calle: La sed de sal (en la misma Tusquets), de la que hablaremos próximamente, y sobre la que intentaremos desmigajar las claves de su ingenio que él mismo prefiere (tal vez porque no sea plenamente consciente) disimular.

Enhorabuena pues por el Dulce al maestro de la Conversación y próspera vida en Murania.
  
Esperemos que Gonzalo y su mujer María José  vuelvan pronto por Zafra con ocasión de otro premio o sencillamente se dejen caer algún que otro día a visitar a los amigos que siempre tendrán  en esta ciudad.
Publicar un comentario