miércoles, 1 de julio de 2015

La transgresión de Teatro Xtremo en la plástica de Residentes2015


Foto: Ricardo Bautista

La imposibilidad de la muerte en la mente de alguien vivo se llama el montaje que Teatro Xtremo ofreció el 26 de junio en la santeña Sala Guirigai, abriendo el programa artístico Residentes2015.

Obra escrita por Ricardo Campelo,  quien también actuaba junto a Diana Lucena y Luisa Torregrosa, quienes interpretaron una ácida visión del hedonismo a través de dos personajes lanzados en su desinhibición cuyas acciones son grabadas por Campelo, proyectando este film dinámico sobre dos pantallas convergentes sobre el escenario.

La obra es en sí misma una performance  de gran inspiración en el agresivo y muchas veces estrambótico accionismo vienés, una performance en la que confluyen diversos lenguajes (como escribí para Madreselva) de una gran plasticidad fundada sobre el body-art, que va desarrollando esta arriesgada dramaturgia  en el lenguaje de la extraña y reiterativa danza de las dos actrices que en su desnudez  evocan la inocencia progresivamente vulnerada del ser humano en el ritmo in crescendo de su actuación congestiva y delirante.

La imposibilidad de la muerte en la mente de alguien vivo pese a su título nada tiene que ver con las divagaciones de un Milan Kundera,  sino con la obra de Damien Hirst, según Campelo, sobre el que se inspira. Esto es puramente un elemento anecdótico porque sin esta referencia entenderíamos igual esta obra, que encendió una viva polémica tras la función, en tertulia con todos los asistentes, sobre el grado de compromiso que entrañaba una realidad artística determinada, sostenida por Jose Iglesias (comisario de Residentes)


Independientemente de unas posturas u otras, nadie podrá negar el riesgo  y la transgresión que supone la obra de Ricardo Campelo en lenguaje y sentido en lo que significa de retrato ácido del lujo y el bienestar,  que martiriza la mente del ser humano en su vana ínfula de grandeza hasta alienarle y desposeerle de sí mismo. Ricardo Campelo tiene la estética del glam, sí, pero está enfocada desde un existencialismo inverso. El kitsch de Campelo es sólo una anécdota para enfrentarse al teatro de la crueldad y al teatro pánico, desde donde emite su discurso y centra su sentido siempre arriesgado, muy en la línea de la estética de la Sala Guirigai y de ahí la justificación para hacerse eco de  esta obra de la compañía jiennense TeatroXtremo.  
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