martes, 5 de febrero de 2008

La larga senda del absurdo en Melville

Gracias a mi amigo e ilustre colega Enrique Ocampo me he animado a leer tres títulos de Hermann Melville, "William Budd, marinero", "Benito Cereno" y "Bartleby el escribiente" (regalándome los volúmenes, supongo que contento por haber encontrado en mí otro lector de Melville).

Parece mentira el cambio de estilo que se produce entre Bartleby y las dos obras anteriores de las que, en cierta manera, procede. Las tres novelas tienen un cariz psicológico en donde prevalece siempre la actitud de los personajes. Aunque es "Bartleby" un precedente kafkiano absolutamente verificable, una novela irónica, incisiva y desencantada que no tiene nada que ver con William Bud ni con Benito Cereno. Para empezar, estas dos tienen un ambiente historicista situado en el s. XVIII y, si bien el absurdo (muy tenue) está agazapado en sus páginas, Melville mantiene un ramalazo racionalista que le lleva a desvelar la intriga (tedioso en las digresiones en William Budd e ingenioso mediante la estructura de Benito Cereno). Bartleby es puro absurdo porque no se explica (ni tiene explicación) en ningún momento la actitud del protagonista, y ahí entra lo contemporáneo de Melville (que escribe esta obra en plena revolución industrial americana), una sensación de caos y desánimo ante un mundo que carece de referencias éticas, se ha llegado así al absurdo mediante una conclusión lógica que se inicia en el atisbo psicológico en Melville a través de estas tres obras. Un mundo absurdo y desarraigado cuya estética prolongará y consolidará luego Franz Kafka en Europa.
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